wilhelma

Esta semana voy a continuar con el tema de las escuelas de familia, que como os decía son muy importantes para mí, en este momento de mi vida, con dos niños pequeños.

Como os comentaba, estoy asistiendo a la escuela de familia que lleva Yolanda González, psicóloga clínica especializada en esto, en la prevención infanto-juvenil, entre otras cosas a través de las escuelas de familia.

Yolanda González no se centra en teorías o planteamientos, las tardes con ella, que son una al mes, son muy vivenciales. Se ponen en común los conflictos más actuales de cada un@ de los participantes, se comentan los más acuciantes, a veces hacemos role playing con ellos…

Y digo que no se explaya con la teoría, pero antes de que comenzáramos a trabajar con conflictos concretos sí nos dio tres principios básicos a los que atenernos. En los que pensar para replantearnos nuestros conflictos con nuestros hijos. Estos tres principios, basados en gran parte en la fase evolutiva en la que se encuentra el niñ@, son los siguientes:

1) Principio del placer: está presente en cualquier criatura humana desde el nacimiento, y seguiría presente toda la vida, si no lo mutiláramos. Estamos programados para hacer lo que nos da placer, lo que nos gusta. Y no hay nada perjudicial en ello, al contrario, el placer es lo que nos lleva a evolucionar y aprender.
Un ejemplo sencillo y básico: los niños juegan por placer, les gusta, disfrutan… y a la vez aprenden jugando. Jugar es su fuente de conocimiento. Pero los adultos nos empeñamos en cortarles este placer tan necesario. En la escuela tradicional está prohibido jugar, a veces incluso sólo se permite juego libre durante una ridícula media hora de recreo. En nuestra casa muchas veces les cortamos este juego por querer pasar a otras actividades, que pensamos que serán buenas para ellos, sin conceder la importancia que tiene realmente el dejarles estar en su disfrute, diez, quince minutos más, lo que necesiten para concluir su juego.
En ocasiones me acuerdo –muchas menos veces de lo que me gustaría- de una frase que Mondo escuchaba a menudo en Alemania: “no hay nada más absurdo que interrumpir a un niño enfrascado en su juego”.

Hasta los tres años los niños viven por principio en el placer. A partir de esta edad, aunque siguen en el placer, comienzan a poder llevar a cabo acuerdos, siempre y cuando lo que se les pida sea realmente necesario para ellos y no una necesidad nuestra en realidad.

Siguiendo con el ejemplo del juego, a un niño de menos de tres años le va a ser muy difícil entender que tiene que dejar el juego para ir a cenar, a no ser que sienta mucha hambre. Con un niñ@ de tres años o más quizá se pueda ya acordar que juega cinco o diez minutos más y luego es la hora de la cena, pero por supuesto será mucho más fácil si ese niñ@ siente hambre en ese momento (auténtica necesidad).

Otro ejemplo, normalmente conflictivo, suele ser recoger los juguetes después de jugar. Y es que recoger es realmente una necesidad que tenemos los adultos. En esa situación de conflicto podemos ponernos en la situación de niño y ver que realmente lo único que le llama es el placer de jugar. Podemos llevar entonces el recoger al juego, y  tratar de recoger jugando. Y si no funciona, ser flexibles y recoger nosotros. Realmente nos es difícil reconocer que esta necesidad de orden es nuestra y si nos encontramos a nosotros mismos recogiendo juguetes nos sentimos madres o padres permisivos.

Solamente el tema de distinguir entre las necesidades nuestras y las que son de los niños ya me hace plantearme una futura entrada.

2) Principio de la realidad: de cero a seis años l@s niñ@s se encuentran en el mundo de la fantasía, de la magia. Para ellos todo está animado.  Es a partir de los seis años cuando dejan de fantasear tanto. Siendo más precisos: siempre fantasearán y fantasearemos, si les/nos lo permitimos, pero a los seis dejamos de fundir tan intensamente realidad y fantasía.

Esto lo veo claramente, en el día a día, con mis dos hijos: Nana tiene tres años y Chico tiene casi seis. Nana hace fotos con una cámara de carrete, antigua y estropeada, y es feliz haciéndolo. Chico nos pide prestada la cámara de fotos de a los adultos; ya apenas suele coger la estropeada. Igualmente ocurre con el dinero: para Nana sus monedas de juguete son tan valiosas como los céntimos de verdad o como las monedas antiguas. Chico, en cambio, diferencia unas y otras, según su propósito.

Puesto que realidad y fantasía estarán unidas, hasta los seis años va a ser muy fácil que crean en los Reyes Magos* o en el Ratón Pérez. También será mucho más fácil, hasta esa edad, conseguir su colaboración a través del juego de fantasía. Si tomamos de nuevo el ejemplo de recoger los juguetes, podríamos dar vida a los objetos, animarlos convertirlos en juego para conectar con nuestros hij@s y recoger juntos quizá sin tanto esfuerzo.

3) Principio del deber: es el que nos lleva a asumir responsabilidades sobre nuestra propia vida. Y no se instaura hasta la adolescencia normalmente.  Esto también es muy importante porque muchas veces nos encontramos pidiéndoles a los niños que tomen responsabilidades para las que no están preparados.

Un ejemplo sería en lo académico: que les preguntemos a qué colegio prefieren ir, por ejemplo, no sería un problema, si nos responsabilizamos nosotros de fondo. No sería adecuado responsabilizarles a ellos de esta decisión, puesto que todavía son pequeños para entender y asumir las consecuencias.

Si tenemos en cuenta estos tres principios, al considerar el conflicto que tenemos con nuestro hij@, es probable que podamos darle otra perspectiva y buscar una solución que permita al niñ@ realizar las concesiones que realmente pueda, según la fase de su  evolución en la que está.

¿Te reconoces en alguna de las situaciones que he mencionado? ¿Tienes ejemplos de situaciones en las que se refleje alguno de estos principios?
¡Anímate y cuéntanos tu experiencia!

 

 

* El tema de los Reyes Magos, desvelarle a Chico o no la realidad, ha sido una auténtica comedura de cabeza y fuente de discusiones para nosotros.  Me encantará hablaros de ello más adelante ;-). Pero para poneros en antecedentes, os remito al polémico artículo que mi querido Mondo publicó en su blog hace unos meses, con el que partió nuestro viaje…

 

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