En Irabela’s hablamos de cómo podemos llevar una vida más libre viviendo en familia: cómo podemos hacer para viajar, trabajar y aprender de una manera diferente.

En general solemos hablaros de experiencias, muchas de ellas sacadas de nuestra vida nómada. Sin embargo, hoy me gustaría meterme en un terreno más teórico y filosófico.

Como ya habréis notado, nosotros no hemos optado por el camino de la educación tradicional.

Esto no solo se debe a que nos guste viajar, de hecho, tomamos la decisión de enviar a nuestros hijos a una escuela no directiva ya hace mucho, antes de si quiera pensar que nos gustaría viajar en familia.

No. Realmente se debe a que pensamos que la educación en las escuelas tradicionales no solo no es buena, sino que es además dañina.

Isabel tiene sus razones para apostar por la no directividad, yo tengo las mías y hoy me gustaría compartirlas contigo tras una pequeña introducción.

Por qué la educación del futuro no será directiva

Siempre he hecho las cosas diferentes. No sé por qué, pero no suele gustarme cómo actúan las mayorías, enseguida le veo problemas y busco alternativas.

Posiblemente tenga que ver con mi niñez, mi madre era vegetariana y “alternativa” antes de que existiese ese término en España, esto la llevó a estudiar euritmia (una forma de movimiento que seguro que incluso hoy no sabías que existe) en Alemania, sin tener ni idea de alemán y con dos hijos a cuestas, mi hermano y yo. Pero bueno, esa es otra historia y tendrá que esperar a otra ocasión.

Uno de los descubrimientos más importantes para mí fue el de la educación libre (de hecho el descubrimiento me llevó a crear Zolani, un blog en el que a menudo sale este tema).

Siempre he estado en contra de la educación tradicional: no disfruté en la escuela, odiaba aprender cosas de memoria, estar con otros niños encerrado en una habitación horas y horas… Y eso que yo fui en parte a una escuela Waldorf en Alemania (desde luego allí, como extranjero, tenía mucha más libertad de que la tuve antes).

Así, decidí que prefería que mis hijos no fueran a una escuela normal, es más, que ni siquiera quería que fuesen a una escuela Waldorf.

Después de ver el documental de la Educación Prohibida (aquí tienes un resumen por si lo prefieres) se me hizo la luz: a mis hijos los educaría en libertad, les dejaría aprender guiados por su propia iniciativa.

Hace ya más de cinco (¿o son seis?) años de esta decisión. Desde entonces, mi pareja y yo nos pusimos a visitar diferentes espacios educativos.

Así conocimos Ojo de Agua. Estábamos ya cansados de vivir en pleno centro de una gran ciudad y el proyecto Ojo de Agua nos interesó muchísimo, así que hicimos las maletas y nos dirigimos allí con nuestros dos hijos. Pasamos tres años en aquel lugar, más o menos, y aprendimos muchísimas cosas.

Estábamos en un ambiente diferente, en un lugar al que un montón de familias valientes se habían dirigido, dejando trabajo, familia y vida atrás, todas en búsqueda de una educación o crianza más acorde a sus principios.

Una de las cosas que entendí pronto es que, lo quisiéramos o no, nos habíamos convertido en embajadores de esta nueva idea.

En todos lados nos decían, “¿pero eso cómo va a funcionar?, ¡estáis apartando a vuestros hijos de la realidad!, ¿cómo van a poder vivir en la sociedad, en el mundo real si no han pasado por la escuela?”

(Todas estas preguntas y comentarios con los que me solía encontrar me llevaron a publicar un artículo con las respuestas a las dudas sobre educación libre con las que padres y madres unschoolers solemos encontrarnos en la calle).

Lo que poco a poco me ha ido quedando claro es, por un lado, que la “educación libre” es mucho más cercana a la realidad y prepara mucho mejor para el mañana que la que educación que reciben la mayoría de los niños en la escuela.

Por otro lado, que aunque la educación libre fuera menos efectiva, es nuestra obligación moral alejarnos de la educación tradicional y buscar alternativas más acordes con las necesidades e intereses infantiles.

Tener a los niños encerrados durante doce años (o los que sean) en contra de su voluntad es, aunque esté a la orden del día, inhumano e inmoral. Simplemente no tenemos derecho.

Además, estoy seguro de que incluso desde un punto de vista económico, nuestros hijos tendrán un futuro mejor si hemos apostado por el aprendizaje no dirigido.

Y ahora, aquí tienes mis 19 razones a favor de la educación no directiva

1. Fracaso VS éxito

La seguridad no es rentable y, a la larga, solo tiene asegurada su decadencia.

Según nos hacemos mayores, los seres humanos tenemos una mayor necesidad de seguridad, los cambios nos dan más vértigo y preferiríamos que todo quedase como estaba.

Esto, por supuesto se refleja en las escuelas, pues estas son al final instituciones creadas y dirigidas por gente mayor, personas que prefieren quedarse como están a arriesgarse y probar algo nuevo.

Por eso, en las escuelas se enseña a los alumnos a ir sobre seguro. Los niños y niñas aprenden ya pronto que si no están seguros de conocer la respuesta es mejor que no digan nada y que, por muy creativa e interesante que sea la solución, si no es la que espera el maestro, se la considerará errónea, habrán fracasado.

La realidad es que para sobrevivir tenemos que estar en constante cambio, que mantener las cosas como están es el camino más seguro hacia un mal final para todos.

Por eso, tenemos que apoyar a nuestros hijos e hijas, animarles a experimentar y arriesgarse, a fallar cuantas veces sea necesario. Solo así nuestra civilización podrá seguir evolucionando y seremos capaces de hacer frente a los desafíos cada vez más complicados que nos aguardan.

Digo apoyar y animar, pero en realidad no hace falta que animemos a nadie a nada. Si dejamos que las nuevas generaciones sigan su instinto, si creamos un entorno seguro en el que puedan arriesgarse y actuar, su necesidad de aprender y probar cosas se ocupará de todo lo demás.

2. La escuela nos muestra una realidad que no existe.

A menudo se acusa a los que no llevan a sus hijos a la escuela tradicional de querer mostrarles un mundo que en realidad no existe. En mi opinión, es la escuela la que crea un mundo ficticio en las cabezas de nuestros hijos.

En la escuela se enseña a los alumnos que si siguen las reglas, se esfuerzan, aprueban los exámenes y hacen lo que se espera de ellos todo irá bien. Pero, ¿existe de verdad alguien que todavía se crea esa fábula?

Ser capaz de esforzarte y sacrificarte para conseguir algo que quieres es una capacidad que te puede venir muy bien en la vida, pero no te va a traer el éxito de por sí. Tampoco “ser bueno” ni portarte según lo que se espera de ti te ayudará mucho.

Por mucho que te esfuerces o por muy correctamente que te comportes, al final lo que cuenta es si has logrado lo que querías conseguir.

No siempre tendrás a una persona de buen corazón detrás que te apruebe o te dé lo que querías en consideración a tus esfuerzos. Es más, aprender que si haces lo que se espera de ti o si te esfuerzas todo saldrá bien, puede llevarte a olvidar que lo importante es conseguir tu objetivo, y esto puede ser una confusión muy peligrosa.

¿De qué te sirve haberte esforzado al máximo o haber estado a punto de conseguirlo si el león que te perseguía ha sido medio segundo más rápido que tú?

Por otro lado, el mundo real tampoco premia especialmente a los que siguen las reglas. En general, si tienes un objetivo tu camino más rápido consiste en seguir un trayecto diferente al de los demás, en probar algo nuevo.

Y bueno, qué decir de los exámenes, otra de las “grandes realidades” de las escuelas.

En la vida real, rara vez existe una única respuesta correcta; en la escuela, siempre.

Por otro lado, no importa que hayas conseguido buenas notas en biología, por ejemplo. Esto no significa que en realidad hayas aprendido nada sobre cómo funciona el cuerpo humano.

Tampoco los títulos te aseguran una vida mejor. De hecho ni siquiera te garantizan que vayas a conseguir trabajo.

Resumiendo, lo que ocurre en la escuela no es “la realidad” y puede limitar nuestra capacidad de entender el mundo que nos rodea.

3. Se aprende haciendo y errando.

El aprendizaje más efectivo tiene en cuenta todos los sentidos y es práctico. En la escuela, especialmente en los colegios hispanohablantes, prácticamente todo es teórico y, como comentaba antes, no hay espacio para el error.

Según la escuela el que falla es porque no sigue las reglas, no se esfuerza, no escucha o simplemente es tonto. Aceptar esto como una realidad es muy peligroso para el desarrollo de cualquier persona.

4. Falta de líderes

Las escuelas crean entornos en los que nadie quiere equivocarse, todos quieren ser como los demás, lo último que se busca es destacar. Todo esto nos lleva a sociedades en las que ni siquiera los líderes se atreven a liderar.

Algo que en el siglo XXI se echa en falta en las habilidades de los alumnos es la capacidad de liderazgo, de ponerse al frente de un proyecto y ser capaz de dirigir, coordinar, ejecutar y, sobre todo, transmitir carisma. La escuela busca un modelo igualitario en el que el alumno que destaca debe seguir el ritmo generalizado del resto de la clase y, por tanto, impide su avance más rápidamente.

Tampoco se fomenta la capacidad de liderazgo ni las habilidades que permiten encabezar un proyecto, dirigirlo, saber mandar instrucciones, etc… Lo que provoca que el alumno no busque esa iniciativa para destacar y conseguir su objetivo. Esa ambición quedará tapada y sumida en la mediocridad y la ley del mínimo esfuerzo.

5. Democracia y libertad

Una de las bases de toda democracia consiste en sentirse parte de la institución y del grupo. Sin embargo, para que esto pueda ocurrir, y volviendo a nuestro caso de las escuelas, es importante que te tengan en cuenta, que no se premie lo mediocre (de hecho, ni siquiera lo excepcional, ¡que no se juzgue!), que exista una conexión de los alumnos con los demás alumnos y con los adultos.

Los alumnos tendrían que poder modificar las reglas y su entorno en general, y hacerlo no debería ser tan difícil como para convertirse en imposible (no debe haber demasiados trámites).

Las escuelas no son un ejemplo de democracia pues en muchos casos alaban de forma excesiva y exagerada al que lo hace bien pero no se tiene en cuenta a los demás.

Tampoco se permite que sea el alumno quien gestione sus propios intereses y competencias. Es más, incluso hay que pedir permiso para satisfacer necesidades básicas como la de comer o ir al servicio.

Todo esto provoca la frustración de los alumnos, el desencanto con el funcionamiento de las instituciones y la sensación de impotencia ante ellas mermando su libertad y capacidad de navegarlas.

6. Competitividad

No necesitamos aumentar la rivalidad ni competitividad. La competitividad es algo innato al ser humano que, aunque es útil para lograr un mayor rendimiento individual e incluso de un grupo, en muchas ocasiones puede resultar en un problema para que el grupo funcione y las civilizaciones se desarrollen.

En este sentido, las escuelas, los exámenes, las evaluaciones fomentan un tipo de competitividad que acaba creando un entorno de desconfianza y bastante tóxico para los alumnos.

Cada uno debería querer dar lo mejor porque quiere, porque disfruta con ello, no por miedo ni para ver quien consigue el aplauso del profesor o cualquier otra recompensa.

7. Trabajo en equipo

En las escuelas no se trabaja en equipo y cuando se hace, es una excepción que pocos maestros están dispuestos a repetir, ya que suele “alborotar” demasiado la clase.

Esto nos aleja mucho de la realidad y de las necesidades en los trabajos del futuro, pues está bien claro que la solución a los problemas del futuro pasa por equipos bien compenetrados.

Al final, a pesar de que para la mayor parte de trabajos se busca gente capaz de trabajar en equipo, en las aulas el trabajo en equipo no se tiene en cuenta más allá de la clase de gimnasia.

8. Diversidad

Los problemas que nos rodean son cada vez más complejos y si queremos solucionarlos, no solo necesitamos gente capaz de trabajar en grupo, sino también grupos con componentes diversos (sobre la importancia de la diversidad en grupos de trabajo).

Cuanto más diferentes sean las personas que componen los grupos de trabajo mucho más valioso será lo que puedan producir y mayores probabilidades tendrán de alcanzar sus objetivos.

Por eso, es importante que nuestros hijos e hijas aprendan cosas diferentes, de forma diferente, en momentos diferentes. Que se les permita actuar de forma diferente y entiendan que existen muchas posibles soluciones a cada situación.

A pesar de ello, la diversidad tampoco es uno de los puntos fuertes en la educación clásica, es más, la tendencia en las escuelas, promovida por muchos gobiernos, es a estandarizar y dar uniformidad a todo, a intentar que todas las personas aprendan y experimenten lo mismo durante su educación.

Es más, en la mayoría de escuelas incluso se separa a los alumnos por edades. La diferencia de edades en los grupos es otro de los aspectos que ayuda a crear mayor diversidad en los aprendizajes y por supuesto en las dinámicas de grupos.

9. No es posible predecir el futuro

Dado que no somos capaces de predecir el futuro, tampoco sabemos qué habilidades y conocimientos necesitarán nuestros hijos cuando sean mayores. Así que, qué sentido tiene obligar a nadie a aprender unas materias dejando otras de lado.

¿En base a qué eliges el plan de estudios? ¿No será mejor que aprendan lo que les interese en lugar de lo que lo que alguien (generalmente un político que no tiene ni idea de cómo son tus hijos) cree que será importante para el futuro?

En un informe del Foro Económico Mundial hablan de estimaciones que indican que un 65% de los niños que entran hoy en primaria trabajarán en trabajos que hoy ni siquiera existen (no está claro de dónde sacan este número, pero si miramos un poco al pasado reciente queda claro que gran parte de lo que antes era imprescindible hoy ya no lo hace falta).

10. Justicia y ética

Teniendo en cuenta que no tenemos ni idea de lo que va a traer el futuro, ¿qué derecho tenemos a obligar a los niños a hacer y aprender lo que nosotros queremos?, ¿qué derecho tenemos a obligarles a estar con gente con la que no quieren estar?

Muchos padres y dirigentes políticos dicen que tienen la obligación moral de educar a los menores de una manera determinada para que estos tengan una vida mejor, para que se adapten a la sociedad y no tengan problemas en el futuro.

Sin embargo, este argumento se queda en nada tan pronto como somos conscientes de que en realidad no sabemos lo que tendrán que hacer para ganarse la vida en el futuro, tampoco el tipo de sociedad que tendremos en 20 años.

Tienes derecho a tomar a tu hija o hijo de la mano si sabes que estás en un lugar lleno de gente y se podría perder fácilmente, también a obligarle a ponerse el cinturón en el coche.

Sin embargo, no tienes derecho a obligarle a leer, a tocar el piano ni a aprender la tabla de multiplicar a ninguna edad concreta.

El deber moral de los adultos es proteger a los pequeños, no transformarlos a su antojo.

11. Iniciativa propia, interés, motivación intrínseca

Si seguimos dirigiendo a los niños y oprimiendo cualquier intento de seguir sus propios intereses, estamos obstaculizando una de las características más importantes para desarrollar cualquier trabajo realmente importante: la iniciativa.

Esto es muy importante porque en la mayoría de las escuelas, sin haber una intención clara, se pretende reducir o eliminar la iniciativa propia en pro del cumplimiento de las reglas y de la rigidez del sistema.

Así, generalmente cualquier iniciativa que dificulte el control de las personas concretas y del grupo en general acabará siendo frenada por parte del maestro.

Muy pocos entienden que la iniciativa no es algo que se pueda enseñar ni dirigir, se trata de algo que solo se puede practicar libremente.

La iniciativa viene guiada por el interés, y para que este se despierte no necesitas un maestro que te lo “explique bonito”, tienes que estar en contacto con experiencias y te tienen que dejar tranquilo.

12. Internet, computadoras

¿Memorizar datos para qué? Por supuesto, es útil saber cosas, pero memorizarlo todo no tiene sentido hoy por hoy.

Otro de los errores de la educación clásica es obligar a los alumnos a memorizar cosas. Por supuesto, si lo que quieres es valorar el rendimiento de alguien, pedirle que memorice algo y luego lo repita te facilita mucho las cosas. Sin embargo, más allá de esto, obligar a los alumnos a memorizar datos no tiene mucho más sentido.

Hoy en día, con internet y los dispositivos electrónicos en el eje central de cualquier actividad, memorizar se ha vuelto una práctica caduca e ineficiente. El reto ahora está en aprender a usar las herramientas y tecnologías que nos rodean, no en memorizar.

13. Robots

Por si fuera poco, los robots están copando los trabajos para los que la educación clásica nos prepara mejor. Teniendo robots que pueden seguir al pie de la letra las instrucciones, ¿para qué queremos personas que hacen eso mismo?

Nos guste o no muchos de los puestos de trabajo están desapareciendo, sobre todo aquellos más repetitivos y físicos. Lo que tenemos que hacer ahora es apostar por aquello que más nos separa de los robots, aquello que más lejos queda de las posibilidades de la inteligencia artificial.

14. Exceso de titulados

El caso de los títulos, como el de cualquier otro “bien” está sujeto a la ley de la oferta y la demanda. Si todo el mundo tiene títulos, ¿qué valor tienen? ¿No será mejor invertir esos cuatro o cinco años en diferenciarte de otra manera?

Si al menos las carreras y formaciones se hicieran por el conocimiento (teórico y práctico) que pudieran aportarte… Pero no, la realidad es que la razón principal por la que se cursan carreras y se acude a formaciones termina siendo el título, no lo que puedas aprender allí y la gente afín que puedes conocer.

15. Ideas

Las mejores ideas nacen en ambientes relajados, en los que se trabaja en equipo y la gente se siente segura, en entornos en los que puedes opinar sin que nadie valore tu intervención. ¿Te parece que la escuela podría ser un lugar así?

En ocasiones la escuela genera un ambiente algo autoritario y crítico con todo lo extraño en el que no tienen cabida las ideas diferentes y por supuesto tampoco aquellas que se podrían considerar rompedoras o radicales.

Cualquier idea que no convenza a la autoridad (los maestros) o genere controversia es silenciada o apartada por lo general.

Para mí, la escuela clásica no es ese lugar en el que nos podemos sentir seguros, aceptados en nuestras diferencias; no es un lugar en el que estamos rodeados de opiniones diversas, en el que sabemos que las diferentes visiones conviven en paz y se respetan, que no hay una única forma correcta de hacer las cosas; no es ese lugar en el que podemos dar a luz a nuestras ideas más atrevidas.

16. Somos seres sociales.

Las escuelas están hechas para memorizar datos, no para socializar. Si alguien se pone a hablar con su compañero, le mandarán callar rápidamente. Al final, el tiempo disponible para comunicarse con otros no supera el 15%.

Si es cierto que el colegio te permite socializar y hacer amigos, pero si lo pensamos detenidamente ese tiempo se reduce de manera drástica sal restar las horas de clase. De esta manera, es través de las aulas donde se crean relaciones sociales, pero de forma menor en comparación a la que se podría crear en áreas educativas libres donde el objetivo que prima es la comunicación entre los niños y fomentar las relaciones personales mientras se aprende.

17. Salud

Ya hace tiempo que sabemos que la vida sedentaria es peligrosa, sin embargo, los niños se pasan la mayor parte del tiempo sentados en pupitres y si alguno no lo soporta, se le califica de enfermo y se le da medicamentos para calmarlo.

En otras palabras, los colegios pueden ser directamente malos para la salud de nuestros hijos.

En los colegios rara vez se tienen en cuenta las necesidades de movimiento de los niños y niñas, la necesidad de movimiento constante, de correr y estar al aire libre.

En muchos casos a los niños que se mueven se les castiga mandándoles a dirección, expulsándoles del aula, dándoles más deberes o lo que sea que se le ocurra a la persona al mando. Y todo esto cuando, en realidad, el movimiento debería ser parte integral del aprendizaje y vida de cualquier persona, más todavía cuando son pequeñas.

18. El miedo.

Así como un poco de presión puede ser positiva si sabes hacia dónde quieres dirigirte, no lo es cuando lo que quieres es hacerte una idea general de algo.

Por supuesto, si quieres aprender algo, el peor estado en el que te puedes encontrar es el de miedo o estrés. Los exámenes y demás presión externa son un problema para el aprendizaje y para el bienestar psicológico general, especialmente en el caso de los más pequeños y de las personas que ya de por sí tienen miedos y problemas en su desarrollo.

Hay quien dice que es bueno que los alumnos se enfrenten pronto a los exámenes, para que así se acostumbren a ellos, pero esto en realidad esto no funciona así.

Si no estás preparado para superar algo, lo peor que puede pasarte es que te obliguen a hacerlo una y otra vez. En estos casos cuanto más se pueda retrasar la situación, mejor.

19. Aprendizaje

Las peores formas de aprender consisten en tener una persona que nos habla delante a la que en realidad no escuchamos o leyendo algo sin concentrarnos en lo que se nos cuenta.

Sin duda aprenderemos más si prestamos atención a la persona o al escrito; más todavía si además de escuchar existe un apoyo visual (demostraciones); más todavía si además discutimos lo que vemos o vivimos con otros; más todavía si además podremos probar cosas (experimentos) y todavía más si tras hacer todo eso además enseñamos lo aprendido a otros.

¿Te has fijado en que las escuelas clásicas dan la vuelta a todo esto?

Es decir, sobre todo nos hacen oír, luego nos piden leer en casa, alguna vez nos permiten ver algo real, apenas hay discusiones y, muy, muy rara vez practicamos o enseñamos lo que hemos aprendido.

En las escuelas más libres, unos niños enseñan a otros, la teoría viene después de la práctica, nadie te obliga a escuchar nada que no quieras oír, unos niños enseñan a otros…

Concluyendo

Y estas son las 19 razones por las que estoy convencido de que la educación del futuro no puede ser directiva, por las que creo (o espero) que, poco a poco, las escuelas se irán abriendo y darán más libertad a sus alumnos para seguir sus intereses, y por las que pienso que nosotros, padres y madres, no deberíamos intentar dirigir (ni manipular) el aprendizaje de nuestros pequeños.

Estoy convencido de que la educación y la crianza son la clave para crear una sociedad y un futuro mejor, y que, junto a nuestro trabajo, es una de las mejores formas que tenemos de evolucionar y avanzar junto al mundo que nos rodea.

Ahora, ¿qué opinas tú?, ¿se te ocurre alguna razón más?, ¿tienes algo que objetar? ¿Cuál es tu experiencia con la educación? Ya sabes que puedes compartir tu opinión en los comentarios.

Por cierto, si quieres que desde Irabela’s te sigamos ayudando a diseñar una vida y trabajo en libertad puedes suscribirte a nuestros contenidos.

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