Mi primera y a día de hoy única sobrina ha cumplido ya seis meses, y tenía pendiente contaros cómo fue el parto de mi hermana, en el hospital de Torrejón de Ardoz, cerquita de Madrid. Voy a hacerlo alternando su voz en primera persona con mis impresiones.

Mi hermana Chu se preparó a conciencia buscando el lugar y la compañía óptimos para tener un parto respetado. Su pareja la acompañó en este camino al cien por cien. J. es de esos hombres que dicen “estamos embarazados”, que me parece muy divertido pero también muy significativo y positivo por su implicación. Que conste que no tengo queja alguna de Mondo como apoyo en mis partos, más bien al contrario, pero me da la risa si me lo imagino diciendo “estamos embarazados”…

En fin, que Chu, tras explorar opciones, decidió parir en el hospital Torrejón de Ardoz, cercano a Madrid, acompañada de una doula con la que ella y su pareja se sentían a gusto, y que les daba confianza.

El día en que Chu salía de cuentas comenzó con pródromos, que cambiaron al día siguiente a contracciones bastante llevaderas. Mi hermana aguantó en casa durante 36 horas más, acompañada de J. y a ratos de su doula, pero llegó un punto en que, pese a que la doula veía aún lejano el expulsivo, quiso irse al hospital. Llevaba tres horas con la bolsa rota y estaba muy preocupada porque no sentía a Pinita (así llamaremos ficticiamente a mi sobrina).

Al llegar a Torrejón, para sorpresa de Chu y de la propia doula, Chu estaba totalmente dilatada. La pasaron a paritorio directamente, menos mal, porque ella tenía temores de que esto no fuera así, por la saturación que estaba teniendo el Hospital de Torrejón en los últimos meses…

En el foro de crianza natural algunas chicas se quejaban de que cuando llegaron al hospital había muchas parturientas y no las pudieron llevar a paritorio sino que se quedaron en habitaciones de la parte de la maternidad… Hablan también de algún caso de derivaciones; las chicas que no pasaron a los paritorios dicen que a pesar de eso las trataron muy bien, se esforzaron mucho en que estuvieran a gusto…

Y aquí sigue su relato de cómo continuó todo en el paritorio…

El paritorio era grande y acogedor. Pusimos luz tenue y entre la matrona y la doula  colocaron una colchoneta con una sábana encima. La matrona me  monitorizó y dijo que Pinita tenía el latido muy constante y que si seguía así mejor no usar la bañera. A pesar de eso la empezó a llenar por si acaso, aunque al final no la pude usar. Estuvimos como tres horas con esta matrona y el parto no avanzó nada porque se supone que yo ya tenía que empujar pero como no sentía presión abajo no tenía ganas, y no me animaron a hacerlo. Estuve sonorizando las contracciones como si estuviera dilatando todo el tiempo. Recuerdo esas horas como muy tranquilas. Tenía contracciones más o menos regulares pero soportables y estábamos como pasando el rato. La matrona iba y venía aunque estuvo bastante pendiente porque tenían poca gente… pero pendiente sin agobiar, dejando espacio.

A las nueve hubo cambio de matronas y vino otra, también muy maja aunque más resolutiva. Nos dijo que el ginecólogo  le había comentado la posibilidad de dar un empujón al parto porque llevábamos mucho tiempo y no avanzaba. Pero le dijimos que lo íbamos a pensar. Hablándolo con la doula decidimos que mejor no, porque no había necesidad y eso podía derivar en más dolores y epidural. La matrona conocía a nuestra doula y puede que eso ayudara, eso o que ella misma no estaba de acuerdo con el ginecólogo, porque dijo que sin problema se lo diría al ginecólogo. La doula le dijo que mi ritmo de parto era muy lento y que necesitaba más tiempo. La matrona, también respetuosa y sin imponer nada, me dijo que igual era bueno probar otras posturas y pasar a la silla de partos. Y yo creo que también pensé, “aunque no tenga ganas si hay que empujar empujo”. En cuanto empecé a empujar ya empezó a salir Pinita. La verdad es que tanto la doula como la matrona me ayudaron mucho.

Luego, una vez que Pinita nació y la matrona me reconoció (me dio un punto, preguntándome antes si prefería punto cosido o punto de sutura), nos dejaron solitos a los tres (primero con la doula, y luego ésta se fue). Sólo entró la matrona al cabo de un rato para ver si quería desayunar algo. Y nos dejaron en absoluta intimidad.  Tampoco me pusieron oxitocina para que saliera la placenta, que es algo que hacen por protocolo. Supongo que no lo vio necesario y no me la puso, aunque en teoría se les pone a todas y aunque yo no le hubiera dicho que no la quería (la verdad es que me daba igual…). También me enseñó la placenta y si hubiera querido me habría podido comer un cachito. No llegué a ver al ginecólogo, y salvo las dos matronas que me atendieron, la auxiliar que trajo la cuna por si era necesario reanimar a Pinita, y el celador que me llevó a la habitación, estuvimos solos todo el tiempo. No entró ni siquiera el de prácticas que me habían dicho que  estaba por ahí (me pidieron permiso para que viniera… pero le debió de resultar muy aburrido mi parto y ni se asomó).

Así que el parto había sido genial y los tres pudieron disfrutar de la suficiente intimidad para conocerse. Pero al cabo de dos horas los trasladaron a planta.

Comenzaba la segunda parte.

Luego ya en la habitación era otra historia… un desfile de médicos, enfermeras, auxiliares… todos muy majos pero un auténtico desfile. Lo bueno es que en Torrejón hay habitación individual.

Pero poco tiempo más pudieron seguir los tres juntos en esa habitación. Pasamos al primer capítulo de la segunda parte: ocurrió que en una de las primeras veces que Chu puso a Pinita al pecho, esta se puso morada, como si fuera a ahogarse.  Cuando ocurrió una segunda vez  los médicos estimaron apropiado internar a Pinita en neonatos, para observar su evolución. Allí estuvo Pinita durante 24 horas, pasadas las cuales y no habiéndose dado ningún episodio de ahogo más, pudo salir.

Los papis lo llevaron con  relativa tranquilidad y filosofía, y sintieron que en cuanto a acceso, la unidad de neonatos de Torrejón les daba muchas facilidades porque pudieron estar estas 24 horas junto a su nena, turnándose para tenerla en brazos.

Otra cosa buena del hospital es que neonatos tiene apertura 24 horas, con butacas para padres y visitas restringidas a media hora por la tarde los que no sean los padres (y una única persona por bebé). Esto en otros hospitales no lo hay. O te dejan entrar cada cierto tiempo o te dejan 24 horas pero sin sillas…

A pesar de esta accesibilidad en neonatos yo me pregunto si este internamiento, con la separación mamá-bebé que a ratos implicaba, y con el resto de intervenciones protocolarias, era necesario. Es más, Chu supo después que estos ahogos eran algo probable y sin importancia, que podía tener lugar si el bebé no había madurado aún su capacidad de mamar y respirar a la vez.

Nuestro osteópata craneosacral lo achaca a un pinzamiento de un nervio, pero Bettina nos dijo que el bebé tiene que buscar la teta… y Pinita no buscó porque cuando nació estaba muy soñolienta, y como yo había leído que el bebé tenía que mamar pronto pues le pedí ayuda a la matrona y esta le metió la teta de mala manera… Si Pinita hubiera buscado y encontrado la teta ella sola probablemente habría estado preparada par a no ahogarse…  Así que fue en parte culpa mía. Pero lo que hicieron en Torrejón fue dejarla en observación por si acaso…  y lo justificaron poniéndole una vía con suero porque decían que tenía no sé qué valores alterados  en la sangre – esto sí que era una chorrada.

La separación mamá-bebé fue pequeña, sólo a la hora de poner la vía, electrodos y una aspiración que le hicieron (todo innecesario), lo malo del asunto es que se perdía intimidad, ya que había enfermeras que venían a todas horas, y eso nos molestaba…

En fin, para la tía criticona, un punto negativo a Torrejón.

Bien. Pasemos al segundo capítulo de la segunda parte. Que consistió en que, a las pocas horas de volver de neonatos, cuando tenían que darles el alta, los médicos observaron que los niveles de bilirrubina de Pinita eran demasiado elevados. Nada menos que 3 puntos por encima del límite, terrible transgresión (nótese la ironía). Y esto debido al corte tardío de cordón, que permite que llegue más sangre al bebé, pero también más bilirrubina, claro.

Entonces, los médicos creyeron conveniente la fototerapia para Pinita, que consistía en tenerla todo el tiempo posible bajo una lámpara de infrarrojos. En Madrid, ubicación típicamente oscura, y más en pleno verano.  Y lo mejor para favorecer el apego y la conexión, y por ende las ganas de mamar de la pequeña. Más ironías… Lo positivo de la situación fue que, pese a que Chu ya estaba dada de alta, pudo quedarse en la habitación con Pinita, en calidad de acompañante (en otros hospitales la habrían mandado a casa y su régimen de visitas habría sido cada tres horas)

Pero esto de la lámpara era un círculo vicioso, porque Pinita, adormecida, no mamaba lo suficiente. Entonces, los pediatras aconsejaban suplementos, de su leche pero también de leche sintética. Con lo cual Pinita no cagaba, con lo cual no eliminaba la bilirrubina. Con lo cual más lamparita y así el pez se mordía la cola…

pinita

Los papás ni que decir tiene que estaban deseando salir de aquel lugar…

[…] luego está el rollo de los suplementos. Pinita había perdido un 9 por ciento de peso.  En teoría hasta un 10 por ciento no es preocupante, y nos dijeron que le diéramos suplementos. Yo tenía que sacarme leche y lo que no completará de 10 mililitros se complicaría con leche artificial. Durante dos días le estuvimos dando esos suplementos. Al principio yo conseguí a sacarme 2 o 3 mililitros y al final salí del hospital sacándome 6 o 7… Nos daban la leche artificial en una jeringa y en otra la leche que yo me sacaba. En realidad podríamos no haberle dado esa leche porque no vigilaban pero claro nos metieron miedo…

Pensamos que entra lamparita y esto no nos iban a dejar salir del hospital y se la dimos.  […] el caso es que, entre qué mamó poco y lamparita la dejaba atontada, no  hizo caca en todo el tiempo del hospital… sólo una vez el primer día… Claro, la leche fórmula además estriñe. Todo esto fue un círculo vicioso. El corte tardío del cordón hace que se tengan más glóbulos rojos, que para eliminar es necesario tomar mucha leche. Yo sabía enganchar bien a Pinita y nadie me supo ayudar. Por lo menos 10 o 15 enfermeras me vieron mamar y ninguna detectó que  Pinita no cogía suficiente pezón…

Gran parte del problema fue que Pinita no se enganchaba bien al pecho. Pero nadie supo detectarlo, ni en el hospital ni quien la rodeaba…

Tuve grietas, en parte supongo que por la adaptación del pecho… pero también fue por un mal agarre. Trece días después de parir y después de haber recibido el asesoramiento de enfermeras, de una pediatra externa al hospital y de mi doula, la asesora Bettina me dijo que Pinita no cogía suficiente pezón… Es verdad que ponía bien los labios y abría la boca pero no cogía suficiente pecho. Algo tan obvio no entiendo porque se les escapó a todos.

Y después, anímicamente tampoco me apoyaron, al revés.  Una enfermera me dijo que igual tenía hipogalactia por hipotiroidismo. Otra que si seguía llorando no me subiría la leche. Se empeñaban en que diera de mamar con un pecho que me dolía horriblemente porque decían que si no se quedaría como atrofiado… cuando me negué intentaron convencer de que me pusiera pezonera. Es decir, es verdad que brindaban su ayuda y cuando las llamabas venían y te ayudaban al enganche… preguntaban “qué tal, que tal”… eran todas bastante majas. El problema era que no tenían mucho conocimiento y a mí más que ayudarme me perjudicaron.

Luego está el tema del sacaleches. Me dejaron un sacaleches. Symphony, de Medela, es el que usan allí. Pero sólo tienen una talla de copa y en el mercado existen las tallas S,M, L, XL… Y en el hospital solo te dan la M, sin avisarte de que hay otras posibles tallas, porque ellos no tienen. Yo por ejemplo tengo la L, y si lo hubiera sabido me la habría comprado, en vez de usar la M del hospital, porque una copa de tamaño inadecuado empeora las grietas y hace que salga menos leche. En fin, si lo llego a saber habría llamado a Bettina antes.

Al final, Chu, J. y la bebita Pinita pudieron abandonar el hospital de Torrejón dos días después de lo esperado, es decir, cuatro días después del parto. Cuando los pediatras consideraron que los niveles de bilirrubina de Pinita no eran ya tan alarmantes.

Atrás quedaban el susto inicial por el internamiento en neonatos y el susto por el supuesto problema con la bilirrubina. Presente estaba todavía el problema de agarre al pecho de Pinita, que no se solucionó hasta que, por cuenta propia, contactaron con una asesora de lactancia que dio en el clavo.

Presentes quedaban las heridas emocionales de la pequeña Pinita,  cuyo vínculo más primigenio se vio intervenido innecesariamente. Por suerte, sus papás son personas muy conscientes e inconformistas.  Pinita es ahora es una bebita regordeta y con dos dientes, a la que se ve muy feliz.

Y presentes quedaban también las heridas emocionales de Chu, por esa misma separación temprana, por el desamparo y la desesperación, llena de grietas y de dudas…

Los pensamientos de la tía criticona son que quizá con personal más especializado en neonatos y en lactancia, más abierto de miras, se hubieran evitado sufrimientos innecesarios bastante graves, que implicaban separación madre-hija: tanto el internamiento como la lámpara de infrarrojos. Es posible que, en definitiva, Pinita no hubiera necesitado más que paciencia, brazos y más brazos, y buenos alimentos, nunca mejor dicho. Y, por supuesto, lo primero de todo, un buen asesoramiento de lactancia. Esto último me da la sensación de que es altamente complicado, porque Chu no se conformó con el (limitadísimo) asesoramiento de las enfermeras de Torrejón, sino que pidió ayuda a su doula y a una pediatra especializada. Fracaso también. Me da la sensación de que es un terreno donde tenemos todavía mucho que curar: las madres reenganchándonos al tren de la lactancia a demanda, tras estas dos generaciones pasadas, de biberones. Los profesionales, con una formación más amplia de la que se evidentemente se está dando.

Lo positivo, que es muchísimo también: un parto, respetuoso y dialogante. Y las instalaciones.

Por último, una puntualización, quizá importante, es que este parto tuvo lugar en julio. Una hipótesis (insisto en que es simplemente hipótesis) que Chu escuchó es que en esas fechas gran parte del personal habitual es sustituido por personal residente, sin tanta experiencia y con muchos más miedos. Puede que aquí demos con una razón de peso para las actuaciones que perjudicaron a Chu y Pinita. En todo caso, si esto fuera así, quien pare en los meses de julio y agosto tendría derecho a un trato de la misma calidad que el resto del año.

El debate está abierto. Si tenéis experiencias similares, o no tanto, en el hospital de Torrejón, dejadnos vuestros comentarios. ¡Gracias!

Recuerda que Irabela’s es mi proyecto personal para teneros al día de mis movimientos y los de mi familia en torno a la búsqueda de un aprendizaje, una crianza, un trabajo y una vida en libertad. Somos una familia actualmente asentada en España pero que en primavera de 2017 comenzará a viajar haciendo vida worldschooler.

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