flores

… y sí sé cómo ha sido.

Porque aquí, en el soleado Alicante, veníamos intuyéndola ya desde finales de enero.

Ya a principios de febrero este clima nos regaló un día soleadísimo, veinte grados, y ese día, pletórica, le dije a Mondo: “qué buena elección hemos hecho: con días así en febrero tengo claro que mando Alemania a paseo”.

Y es que cuando decidimos marcharnos de Madrid, el año pasado, consideramos seriamente la posibilidad de volver a Alemania. Pero a Mondo le pesan las nubes alemanas como una losa y no estaba del todo convencido. Para mí las nubes alemanas tienen la connotación (todavía hoy) de mis dos primeros años en Alemania, vividos al más puro estilo Erasmus. Por eso no las veo tan oscuras: son solo parte de un decorado. En Alemania, en cierto modo, la vida en el hogar y en los lugares cerrados tiene esa calidez que le falta al clima. Los hogares son acogedores y entrañables, las fiestas invernales lo son también, existe mucha más vida entre cuatro paredes, y muy bien organizada.

Y al despuntar enero en Alicante, hete aquí que he descubierto… la pólvora. Que veinte grados soleados en febrero son difíciles de superar, aunque nuestra educación, sanidad y política sean desastrosas.

Ande yo caliente…

 

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