flamenco

El fin de semana pasado estuve en un taller de flamencoterapia.

A veces me da por hacer cosas que ni yo misma sé porqué hago.

El flamenco es algo bastante ajeno a mí (o lo era). Empecemos porque mi aspecto, quienes me conocen lo saben: es todo menos flamenco. Y mi carácter, más de lo mismo. Pero hete aquí que, cuando vi la publicidad del taller, me atrajo la combinación de flamenco y terapia. Pensé, así a botepronto, en lo que tiene de primitivo y ancestral el flamenco y en el juego que me podrían dar un par de taconeos a la hora de liberar tensiones, de esas que te pone en bandeja el ser mamá de dos (entre otras cosas).

Así que me apunté al taller.

Y salí encantada.

Os cuento mis descubrimientos de ese día y lo que más me gustó o llamó la atención.

El jaleo (interjecciones o gritos de ánimo a quien baila en el centro) como símbolo de nuestra necesidad de apoyo por parte de los que nos rodean, de nuestra tribu. Con nuestro jaleo apoyamos a la bailaor@, que se siente apoyad@ y nos escucha e interactúa con nosotros. Igualmente, la tribu también nos apoya cuando salimos a bailar y sentir, con su jaleo…

La multitud de ramas y ramitas del flamenco (palos). Muchos estilos, más o menos alegres, más o menos puros, con orígenes más o menos remotos… Y digamos que podríamos encontrar un tipo de flamenco para cada uno de nuestros estados anímicos.

Lo difíciles que son los ritmos. Traté a duras penas de encontrar los ritmos en la música y seguirlos, golpeando con un palo o palmeando, ¡pero en esta primera ocasión apenas lo conseguí!

Que el flamenco más triste puede llevarte a reflexionar en lo más profundo de tu ser y de tu vida, a buscar al duende de García Lorca, ese que “es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar”. Duende no como algo mágico o creativo, sino como nuestro enemigo interior.

En las algo más de tres horas de taller hubo tiempo para risas, llantos y sentimientos muy profundos. Me quedé con ganas de seguir explorando este lenguaje universal que creo ver en el flamenco. Ahora entiendo más cómo muchas personas de culturas diametralmente opuestas a la nuestra se sienten llamadas por el flamenco. Flamenco como lenguaje universal y de comunicación entre nuestro yo interior y lo que nos rodea.

Flamenco…. ¡allá voy!

 

Y vosotr@s, ¿habéis tenido experiencias con la flamencoterapia o con algún tipo de danzaterapia? ¡Contadnos!

 

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