Hace un par de meses comencé a leer a Aletha Solter. Comencé con Llantos y rabietas, he seguido con Juegos que unen y ahora leo Mi bebé lo entiende todo.

Me está apasionando esta psicóloga, muy especialmente su visión sobre el llanto, en la que basa sus teorías y estrategias.

Según Aletha Solter, los bebés  y los niños acumulan estrés de diferentes maneras, que ella categoriza así: daños por comisión (daños directos  como puede ser el maltrato físico o verbal,  presiones o exigencias poco realistas, disciplina autoritaria, castigos, y muchos etcéteras), daños por omisión (necesidades sin cubrir, como pueden ser el contacto físico insuficiente, el abandono, la falta de atención o de autonomía y muchos etcéteras) y por último daños circunstanciales (traumas prenatales o en torno al nacimiento, enfermedades, separaciones, divorcios y muchos etcéteras).

Bebés y niños necesitan liberar este estrés, y una de las mejores maneras para hacerlo es el llanto. En las lágrimas sentidas (las auténticas, no las que se generan al pelar una cebolla, por ejemplo) se han descubierto hormonas del estrés, luego se entiende el llanto como una vía para deshacernos de él.  Aletha Solter propone descartar en primer lugar que el llanto del niño o bebé se deba a necesidades primarias que podemos cubrir (hambre, sed, frío o calor…, sobre todo en el caso de bebés que no pueden expresarlas), y una vez asegurado que no es así, permitir al niño que se deje llevar y llore si así lo desea.

Esto, por supuesto, no significa dejar al niño llorando en soledad, sino acompañarle en su llanto, estando a su lado, abrazándole si él quiere. De esta manera se liberará y cuando acabe de llorar se encontrará mucho más tranquilo y relajado.

En sus libros relata numerosos ejemplos reales de niños cuyo estrés contenido consigue aflorar a través de las lágrimas. Niños que no descansan bien, que agreden, que se encuentran muy intranquilos, etc.

Nuestra sociedad tiende a reprimir el llanto. Por definición los hombres no lloran, y si los niños lloran nos ponemos nerviosos y deseamos acallarles cuanto antes. Pero pensemos en lo tranquilos y relajados que nos quedamos después de una buena llantina. El que más y el que menos tendrá recuerdo de la última vez que lloró. Si empezamos a ver el llanto como algo natural, como una expresión emocional más, quizá consigamos crear un entorno que fluya mejor emocionalmente, y más sereno, aunque en un primer lugar no pueda parecer así, por nuestros condicionamientos sociales habituales. Quizá necesitemos aceptar que estar triste y llorar o rabiar son parte de la vida y tan igualmente valiosos como sonreír.

Y vosotr@s, ¿habéis leído a Aletha Solter? ¿Qué pensáis sobre su visión del llanto? ¿Tenéis experiencias acompañando el llanto?

 

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