gripe

Como os contaba hace unas semanas, me temo que la gripe que nos inmovilizó (literalmente) estas Navidades pasadas, fue la de la dichosa letrita…la gripe A.

He sabido del concurso de Boiron para bloggers y veo una buena ocasión para contaros mi experiencia con más detalle, a la par que participo.

En enero os contaba que las pasadas Navidades nos marchamos a Madrid, a ver a la familia y pasar parte de las fiestas. Cogimos el portante en perfectas condiciones de salud (o eso pensábamos), pero a los dos días de estar allí, Chico comenzó con fiebre alta. El pequeño pasó una noche febril, un día durmiendo, y a la noche se le unió Mondo en la aventura: ya teníamos a dos con fiebre alta de noche y durmiendo de día.

Mañana dos: Chico se levantó con más energías y, tras un abundante vómito de flemas (perdón por lo escatológico, pero es que fue una liberación tal para él que necesito mencionarla), comenzó a estar más activo y dejó la fiebre. Pero continuó flojito.  Al atardecer me uní yo, comenzando también ya con fiebre alta.

Mañana tres: Chico comenzó a pasearse contento y activo. Así, al menos, lo veíamos sus padres,  que no dejamos la cama en todo el día. Nana también estaba todavía sanita, hasta el anochecer, en que acudió a visitarme a la cama: ya había comenzado con fiebre.

Como veis, fue un comienzo de enfermedad rítmico en su conjunto, casi musical (por quitarle hierro al asunto…) pero sobre todo muy abrupto. Ese parece ser uno de los rasgos de la gripe A, la brusquedad del comienzo, aparte de que la fiebre es muy alta (en torno a 39º) y de que luego necesitas una semana para poder hacer vida normal y otra semana más para recuperar del todo tus energías habituales y deshacerte de una tos bastante profunda, que en la mayoría de los casos es inocua pero que hay que vigilar, por si las moscas, igual que la fiebre.

Os cuento nuestros antecedentes:  comemos sano, en su gran mayoría productos ecológicos y locales, hacemos deporte, vivimos en el campo, no fumamos, yo no bebía por aquel entonces, Mondo sí, pero muy moderadamente (tras la gripe bebe menos todavía), somos fans del lavado de manos (incluso a veces nos pasamos), nuestra casa está fresquita (también os hablaba de esto en un post anterior), bebemos agua cual ranas y… tratamos nuestras enfermedades solamente con homeopatía o fitoterapia.

En fin, creo que puntuaríamos bastante alto si nos hicieran un examen en base al decálogo. Una salvedad sería quizá el punto nueve, que Boiron llama ocio en familia y en el que yo incluiría alejar el estrés. Este punto creo que es muy importante, el más importante de todos. Se trata, en definitiva, de la salud emocional, de estar contentos, felices… y tranquilos.

Las enfermedades son el reflejo de nuestro bienestar emocional. Me encanta el símil que aparece en el libro La enfermedad como camino: un pintor refleja en su lienzo sus pensamientos o sentimientos, a través de acuarelas u otro material; nuestra enfermedad (lienzo) se expresa por medio de síntomas (acuarelas, lápiz…), pero el origen está en nuestra mente (intenciones del pintor). Si no tenemos en cuenta la mente, nos falta lo esencial.

En el caso concreto de nuestra gripe, pienso que si esta pasada Navidad entramos tan de lleno, los cuatro, en este proceso, es porque nuestro cuerpo y nuestra mente nos pedían un descanso. Y fue un unplugged total. No pudimos hacer naaada de lo que queríamos hacer en Madrid. Nada. Al principio yo me sentía frustrada, incluso a ratos rabiosa, pero asumí finalmente que tenía que ser así.
Mi recomendación para la gripe es acompañarla todo lo que podamos: descansar al máximo, recordar beber agua (sobre todo durante la fiebre), no comer si no nos lo pide el cuerpo (yo estuve más de 24 horas sin comer nada, algo rarísimo en mí) y tratarla con medios naturales y sin efectos secundarios, como la homeopatía.

Cierra la puerta a la gripe y…¡suma salud!

 

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