Seguimos hoy respondiendo a las preguntas más frecuentes de los lectores de Irabela’s, hoy le toca el turno a: “¿Yo también puedo montar mi propio negocio?” y si la respuesta es sí, “¿por dónde empiezo?”

Después de hablar sobre cómo conciliar trabajo y familia y cómo vivir viajando (en familia), le toca el turno al emprendimiento e ideas de negocio.

Solemos pensar que aquellas personas que emprenden y triunfan son como superhéroes o ungidos que nacen con estrella, con algo especial que los hace brillar y convertirse en dueños de sus propias vidas.

He de decir que lo único en lo que estoy de acuerdo es en que son personas que han decidido tomar las riendas de sus vidas.

Los emprendedores son personas normales que deciden buscar un camino que les lleve a ellos y su familia a algún lugar mejor, elegido por ellos.

Es verdad que el emprendedor no lo tiene fácil, pero esto no es algo que debería sorprender ni desanimar a nadie.

Al fin y al cabo ningún camino es fácil, tampoco el del funcionario o empleado por cuenta ajena, y la recompensa que te espera al final del camino emprendedor es mucho más tentadora: un trabajo y vida a tu medida.

Pero entonces, ¿tienen los emprendedores de éxito algo especial? ¿Hay algo que los diferencia del resto de los mortales?

Pues bien, por mucho que me gustaría decirte que sí, que los emprendedores (yo me considero uno) somos especiales, la realidad es que no creo que sea así.

Al final nos encontramos con ejemplos de personas que han montado su negocio en todos lados.

Resulta que no necesitas ser el más listo, ni el más tenaz, ni una persona muy hábil o con mucho conocimiento. Tampoco es necesario tener mucha experiencia ni contar con mucho dinero.

Lo que sí te hará falta son ganas de aprender, paciencia y fondo.

Como se suele decir, emprender no es un sprint, es una carrera  de fondo, y para poder aguantar mejor necesitarás ganas, ilusión, un objetivo claro… y, a partir de ahí, todo es posible.

Y, por cierto, para emprender un negocio no tienes por qué dejarlo todo: trabajo, familia, hobbies, amigos, sueño…  Esto nos suele dar mucho vértigo, lo cual es normal.

La verdad es que no sé por qué se ha extendido tanto esa idea romántica del emprendedor que quema sus barcos y empieza de cero, créeme, no es necesario ni, bajo mi punto de vista, recomendable.

Existen un montón de ejemplos de vivencias de grandes emprendedores que las comparten a través de libros, charlas o talleres. Todas ellas valiosas como referencias y útiles para encontrar la alquimia perfecta que se adapte a ti.

Ten en cuenta que en la mayoría de los casos empezaron de cero, que en algún momento tuvieron una idea, la desarrollaron, la pusieron en práctica y poco a poco comenzó a funcionar.

Steve Jobs decía: “Tu trabajo va a llenar gran parte de tu vida y la única forma de sentirte realmente satisfecho es creer que lo que haces es un gran trabajo. La única forma de hacer un buen trabajo es amando lo que haces. Si todavía no lo encuentras, sigue buscando. No te conformes. Así como con los asuntos del corazón, sabrás cuando lo hayas encontrado”.

Dedicamos gran parte de nuestras vidas al desarrollo profesional (mediante cursos, carreras y demás), así que bien vale la pena invertir al menos algo de tiempo en pensar qué es lo que me gustaría hacer, qué me apasiona, hacia dónde quiero moverme.

Sin duda, tus gustos y motivaciones internas deben tenerse en cuenta a la hora de elegir qué hacer, el resultado de tu emprendimiento puede ser muy distinto cuando conectas con lo que llevas dentro, aunque no es lo único que importa, como verás, es imprescindible tener en cuenta el mercado, la gente a la que quieres servir.

Al final, todos tenemos un emprendedor dentro. Unos más y otros menos escondido, cada uno parte de una situación diferente.

Puede ser que ya tengas una idea muy clara de qué es lo que quieres llevar a cabo, que tu pasión te haya acompañado desde hace ya algunos años o quizá desde siempre.

Por otro lado, también puede que sepas que quieres emprender, ser tu propio jefe y lanzarte a la aventura de comenzar tu propio negocio, sin tener ninguna idea concreta con la que arrancar.

O puede que sepas a quién quieres ayudar, qué grupo de gente es al que quieres servir, pero no tengas claro cómo vas a ayudarles.

La verdad es que cualquiera de los caminos sirve, ni siquiera hace falta que lo que “montas” empiece como un negocio. Muchas veces los mejores emprendimientos surgieron de los hobbies de gente entusiasmada y despierta.

Lo primero que tienes que saber es que emprender consiste en generar valor para un grupo determinado de personas y que luego estas te den lo que tú pides a cambio.

Dicho de otra forma, para que alguien te dé lo que quieres, tendrás que ofrecer algo que ese alguien quiera más que lo que tenía, de otro modo no habrá trato.

Y así llegamos al primer problema, el primer escollo que lleva a muchos a la desesperación o, peor, a la inmovilidad, a no dar nunca el paso: la idea de negocio.

El emprendimiento empieza con una idea (la parte de la que más se lee y habla, lo que suele aparecer como “clave” en las películas y libros) y luego viene seguido de un montón de trabajo (la parte más importante, la que hace que la idea se materialice).

Hoy nos vamos a centrar en la idea de negocio, vamos a ver que existen técnicas para generarlas y elegir la más adecuada, aprenderemos a desbloquear este paso y avanzar hacia nuestro trabajo en libertad.

La idea puede ser de muchos tipos, pero generalmente tiene que ver con el valor que vas a crear y ofrecer a tu público.

Y ¿en qué consiste ese valor que generas?

Tienes muchas opciones: puedes solucionarles algún problema, explicarles cómo hacer algo, ponerles en contacto con otras personas, ofrecer un bien…

Como te adelantaba, en el artículo de hoy quiero hablarte de esa primera idea, de esa chispa a partir de la cual podemos crear nuestro negocio, nuestra forma de vida.

Existen muchos métodos y modelos para generar ideas de hecho he ofrecido ya varias veces un taller para introducir a emprendedores en ellos.

Sin embargo, como tampoco es cuestión de volverse loco con todos esos métodos y lo que quiero es que seamos prácticos y nos pongamos rápidamente en marcha, te mostraré unos pocos con los que puedes empezar a mover la rueda hoy mismo.

¿Nos ponemos con ello?

Generando ideas

Como te decía existen muchas formas de generar ideas sobre las que montar tu negocio. A continuación te hablo de ellas y las clasifico desde diferentes puntos de vista.

Idea desde problema

Ya sabes lo que dicen, que cada problema es una oportunidad (si lo vemos con la suficiente perspectiva y le sabemos dar la vuelta).

Sin duda, para emprendedores no hay nada más maravilloso que encontrar problemas, cuanto más graves mejor, pues aquellos que los sufren estarán muy agradecidos y, por supuesto, dispuestos a pagar más por una solución.

En lo que a los negocios se refiere, hay que estar muy atento, oír, ver e interpretar los problemas que tu entorno tiene. De qué se quejan, con qué necesitan ayuda…

Te propongo que hagas una lista de problemas con todo lo que observas y que no te olvides de incluirte a ti mismo, ¿cuáles son los problemas que más molestias te causan? Esos que te encantaría que alguien viniera a resolver por ti.

Un ejercicio que suelo proponer es el de pensar en aquellos problemas que aún quedan por solucionar en el sector en el que te desarrollas, en tu entorno de trabajo, o también en tus hobbies.

Por ejemplo, si trabajas en un taller de coches, seguramente haya algo que te moleste tremendamente, algo que lleve tiempo ahí y compartas con muchos de tus compañeros de profesión.

Podría ser que siempre se te quedan las manos sucias o que se te estropean. También podría ser que hay algunos repuestos que son muy difíciles de conseguir o que el trabajo con el ordenador es un caos y te vendría bien un programa simple para organizar los pedidos y clientes.

O si eres un aficionado a los cromos o sellos quizás echas en falta un grupo de personas serias que realmente sepan lo que hacen y que sean de fiar o querrías tener toda la información sobre dónde encontrar sitios de intercambio (una especie de calendario) o te gustaría tener una forma más segura y cómoda de guardar y organizar tu colección.

Por otro lado, si trabajas como diseñador gráfico o traductor, quizás la espalda te esté matando, también podrías tener grandes problemas para conseguir clientes o echas de menos la posibilidad de intercambiar impresiones (y contactos) con otros profesionales.

Desde ahí donde te encuentras, seguro que aprecias muchas cosas que podrían mejorar o resolverse de una forma distinta a la que se hace actualmente. Aprovecha tu conocimiento especializado y encuentra tu mina de oro, seguro que das con unas cuantas oportunidades.

Eso sí, ten en cuenta que no vale cualquier problema o molestia. Tienen que ser problemas por cuya solución la gente (gente como tú, recuerda) esté dispuesta a pagar.

Idea desde cliente

¿Conoces a tu cliente, tienes claro quién es?, ¿puedes descubrir sus necesidades?, ¿de qué se quejan?, ¿qué les preocupa o quita el sueño? Pon atención en ello, en conocer al que sería tu público objetivo.

Si tienes claro con qué grupo de gente quieres trabajar y te sientes cómodo o conoces a esta gente tan bien que puedes interpretar correctamente sus deseos y sabes lo podrían necesitar, puedes avanzar hacia tu idea de negocio a partir de ahí.

Quizás llevas toda tu vida tratando con ancianos, o con niños, o con jóvenes, o con padres, o con turistas, o con embarazadas, o con gimnastas, o con fotógrafos, o con escritores, o con montañeros, o con artistas… Y los conoces o tienes fácil acceso a ellos de forma que no te costaría crear algo para estas personas y ofrecérselo.

Por supuesto, también podría ser que simplemente sea un grupo con el que sientes cierta afinidad y con el que te gusta trabajar o al que quieres ayudar creando soluciones que les faciliten la vida.

Puedes empezar por ahí, estudiando e investigando a dicho grupo de gente para crear un negocio en torno a ellos.

Y, ¿con qué puedes ayudarles?

Pues bien, hay varios tipos de necesidades que todos los seres humanos tenemos, en los que puedes enfocarte para buscar una idea (esto, por supuesto, no solo te sirve si vas a desarrollar ideas desde tu cliente, puedes aplicarlo a todos los casos):

  • Dinero: ingresos, trabajo, suelo, inversiones, activos.
  • Existenciales: aspectos fisiológicos tales como comer y salud, también seguridad o protección.
  • Relación y amor: todo lo referente a la interacción con otras personas, pareja, amor, familia, amigos, etc.
  • Crecimiento interno: aquello que trabaja con la autoestima y la autorrealización de las personas, también el aprendizaje y adquisición de nuevas habilidades y conocimientos.
  • Juego y diversión: aquí entra el ocio, el entretenimiento y todo lo relacionado con disfrute.

Para recordar las necesidades mejor solo tienes que pensar en aquello de “salud, amor y dinero” y luego le añades dos aspectos más, el juego y crecimiento interno.

A partir de estas necesidades puedes generar ideas lo suficientemente atractivas para llegar a tu cliente y que este tenga una reacción positiva frente a tu propuesta. Es decir, que compre.

Voy a poner unos ejemplos para que lo veas más claro:

Si decidieras que quieres trabajar con artistas, lo primero que harías es hacer un recorrido por los cinco puntos.

¿Qué tal van de juego, salud, dinero, amor y crecimiento interno? Y luego, dentro de esos cinco puntos, ¿con cuál puedo ayudarles mejor?

Si supieras de todo (o de nada especialmente), sin duda te decidirías por el dinero, ya que es generalmente el mayor problema para este grupo (menos si resulta que el grupo al que quieres ayudar son artistas de éxito, en ese caso quizás te decantarías por otro aspecto de sus vidas).

Por otro lado, si quisieras ayudar a traductores, podrías plantearte que muchos tienen una vida social que da pena (lo sé porque me he movido mucho en esos círculos) o que suelen tener problemas con el dinero (especialmente si son traductores literarios) o que están todo el día sentados delante de la pantalla dejándose los ojos y la espalda.

Si fueran personas con buenos ingresos pero muy ocupadas (directivos, emprendedores, inversores, etc.), podrías ayudarles a encontrar buenas oportunidades de inversión, formas de ahorrar impuestos o algo con lo que disfrutar en grande del poco tiempo que tienen libre.

Y si fueran aficionados al buceo, podrías mejorar su disfrute con un traje que no se tardase 10 minutos (o lo que sea) en poner o salud con algún aparato que evite accidentes.

¿Cómo lo ves? ¿Necesitas más para pensar en tu cliente?

Hay muchas formas de pensar en tu grupo objetivo (en la persona a la que quieres ayudar). El truco, como te contaba, consiste en detenerse a observar el comportamiento de este grupo, fijándote especialmente en aquello que causa frustración, dolor o placer.

Así que vamos a ello. ¿Qué es lo que hacen las personas a lo largo del día?

En general, podemos diferenciar tres momentos del día: el trabajo, el tiempo en casa (con o sin familia) y el tiempo libre. Luego, también está el “mantenimiento”, todo lo relacionado con descanso, comida y aseo.

  1. Trabajo

¿Cómo es la vida en el trabajo? ¿Cómo son las relaciones con clientes, socios, compañeros de trabajo y proveedores? ¿Cuáles son las partes agradables y cuáles las desagradables? ¿A qué desafíos se enfrenta tu cliente en el trabajo?

  1. Casa

¿Cómo pasa el tiempo en casa?, ¿qué le gusta hacer? Por otro lado, ¿qué tareas le disgustan?, ¿qué teme que pueda ocurrir?, ¿cómo le gustaría vivir?

  1. Tiempo libre

¿Qué hace en su tiempo libre? ¿Lo pasa solo, con amigos o en familia?, ¿cómo se relaciona? ¿Qué es lo que más le gusta de su hobby y qué partes no tanto?

Idea desde solución

¿Acaso has desarrollado una aplicación o solución nueva que muestra alternativas viables y más simples a las que se venden?

¿Quizás has creado una técnica nueva, o has descubierto que hay algo que se puede usar con éxito en un ámbito diferente o con un fin nuevo del comúnmente aplicado?

De ser así, si tienes una solución y estás preguntándote si tendría sentido comercializarla, hazte estas preguntas para ver si vas por el camino correcto:

  • ¿A quién le puede servir?

Piensa, teniendo en cuenta las características de tu solución, ¿a quién podría servirle? En este caso no estás pensando en un grupo de personas concretas, sino en sus características y cómo se pueden aplicar para solucionar problemas.

Por ejemplo, si has inventado una alarma silenciosa, ¿dónde podría usarse? ¿En hospitales, en casa de familias con niños pequeños, en tiendas?

  • ¿Para quién tiene más valor?, ¿quién puede sacar el máximo provecho de tu solución?

Sí, tienes una nueva técnica para dirigir grupos de personas o has programado una aplicación para dirigir equipos. Pero, ¿de todas las personas que has pensado a las que podría servir, quién va a pagar más por tu solución?, ¿el bar de la esquina o Microsoft?

  • ¿Qué procesos mejora tu solución?

Tu nueva técnica para dirigir grupos de personas, ¿qué es lo que mejora? ¿Cómo se hacía antes y qué es exactamente lo que has cambiado? ¿A quién le viene mejor este cambio? ¿Es para gente que quiere más control sobre el grupo?, ¿para grupos más homogéneos?, ¿para personas de idiomas diferentes?

  • ¿Cómo hacen dinero otros con soluciones parecidas?

¿Existe competencia?, ¡estúdiala! Ten en cuenta que siempre hay competencia, aunque hayas creado algo nuevo. Quizás no tengas competencia cercana, pero si amplias la definición darás con ellos.

Por ejemplo, es posible que no exista competencia en cuanto a los cascos de bici con retrovisor que has inventado, pero eso no significa que no tengas competencia en el ámbito de la seguridad sobre la bicicleta.

¿Qué alternativas distintas a las que tú le vas a proponer tenía tu público?, ¿cómo y cuánto pagaba por ellas?

Idea desde tu persona

Estoy convencido de que todos tenemos dentro la clave para alcanzar nuestra independencia económica y ahora te voy a contar porqué.

Si eres como la mayoría, cuando te coloques ante el espejo te dirás, pues vale, ¿qué podría haber ahí que otros necesiten?

Déjame que te cuente.

Es lo que sabes, lo que tienes, lo que se te da bien y los contactos que has hecho a través de los años. Todo eso puesto a buen uso puede crear un montón de valor para otros.

Un gran ejemplo lo tenemos en el Mr. White, de la serie Breaking Bad (por cierto, muy recomendable).

En dicha serie Mr. White es maestro de química y trabaja en un instituto. No tarda mucho en descubrir que su conocimiento puede usarse para generar cientos de millones de dólares al mes sintetizando droga y a partir de ahí la serie empieza a rodar.

Por supuesto, no te estoy diciendo que sigas su camino, pero creo que te haces una idea 🙂

¿Quieres otro ejemplo?

A lo mejor has estado trabajando para alguna multinacional y tienes muy buenos contactos que podrías usar para lanzar un negocio en un sector relacionado.

O quizás resulta que eres una persona muy organizada y podrías ayudar a poner orden en la vida de otras personas o incluso de empresas.

También podría ser que seas filósofo o psicólogo y puedas ayudar a otros a entender mejor por qué son como son o a aceptarse.

Peligros cuando generamos ideas

Me he dado cuenta de que cuando tratamos de generar ideas solemos toparnos con los mismos problemas, así que ahí va mi aviso: atención a lo que crees saber, es mucho más peligroso lo que crees saber que lo que sabes que no sabes.

En principio son sobre todo dos situaciones sobre las que te quiero poner en guardia.

  1. No te olvides del cliente.

Por un lado, cuando generas ideas desde una solución o partiendo de lo que se te da bien o de lo que te gusta hacer, tiendes a olvidar al cliente, la persona que (en teoría) va a pagar por lo que ofreces.

Piensas que mientras hagas lo que te gusta todo saldrá bien o estás tan convencido de que el producto o servicio que has creado es el próximo Google que no te paras a pensar en que quizás nadie está dispuesto a pagar lo pides por ello.

  1. No te olvides de quién eres.

La segunda situación se sitúa en el polo opuesto y se da cuando generas ideas desde un problema o necesidad que has descubierto, en este caso el peligro surge cuando te olvidas de ti y tus características.

Por ejemplo, no tenemos ni idea de programación y decidimos que lo que el mundo necesita es una nueva aplicación que nos permita subir imágenes desde el móvil y compartirlas a tiempo real.

O nos metemos en un sector que no nos gusta en absoluto, solo porque pensamos que hemos descubierto una oportunidad.

En el primer caso te estás metiendo en un montón de gastos desde el primer día (ya que necesitas una infraestructura o conocimiento del que no dispones), en el segundo corres el riesgo de desmotivarte tan pronto como te encuentres con los primeros problemas.

Seguimos con las ideas

Ya hemos visto un montón de formas de generar (o encontrar) ideas para nuestro negocio, pero si todavía no lo tienes claro, no desesperes, vamos a darle alguna vuelta más.

Cuando estás creando una propuesta de valor, estás generando una solución que va a mejorar la vida de tus clientes.

Por eso estamos aquí siempre repitiendo eso de que te preguntes dónde están los problemas y deseos, pues el plan es localizarlos, tener claro cuáles son las necesidades (demandas) y cubrirlas (con tu oferta).

Existen dos formas de satisfacer dicha demanda:

  1. Cualitativamente: mejorando la calidad, el diseño de un producto ya existente.

El término “calidad” puede llevar aquí fácilmente a equívoco, así que voy a definirlo un poco más.

Seguro que tu también has oído (o dicho) aquello de “la gente no aprecia la calidad de mi trabajo/ producto”, “la calidad no vende” o “la gente no está dispuesta a pagar por un servicio de calidad”. Si el cliente no quiere la calidad que tu solución ofrece es o bien porque no has sabido explicarla, porque no es creíble o simplemente porque no necesitan lo que ofreces.

Para mí, la calidad siempre es relativa a algo, a una necesidad. Un producto de calidad, por lo tanto, es un producto que hace lo que promete, no un producto que se haya hecho de la mejor de las maneras o con los mejores materiales posibles.

Por lo tanto, para mejorar la calidad de una solución existente (por ejemplo unas zapatillas) no hace falta que hagas tu solución con materiales mejores y más caros, ni que tu tienda sea más lujosa o el empaquetado más chulo, tu solución tiene que cumplir lo que promete, sin más.

Tienes que centrarte mejor que la competencia en la necesidad de tu cliente y cubrirla mejor (por ejemplo, si tu cliente fueran ancianos, podrías mejorar la calidad del calzado con unas zapatillas que se pudieran poner y quitar sin tener que agacharse).

  1. Cuantitativamente: dando a los clientes mejores precios.

En general siempre es preferible competir en calidad que en precio, (la guerra de precios tiene muy pocos ganadores y puede acabar con tu negocio), pero esto no significa que no  existan bastantes ejemplos de empresas a las que les ha salido bien la apuesta por el low cost.

Es importante estar siempre atento a las opciones para ajustar el precio y ponerle las cosas más fáciles a tu posible cliente (tienes más información sobre precios en mi artículo sobre estrategias para decidir tus precios).

Tu propuesta de valor

Alexander Osterwalder e Yves Pigneur hablan en su libro “Creando tu propuesta de valor” de 9 criterios a través de los cuales puedes generar esa propuesta de valor.

  1. Novedad: ofrece algo diferente, nueva tecnología, nuevo diseño o incluso nuevas formas de hacer las cosas.
  2. Rendimiento: consigue que algo que ya existe sea más eficiente, funcione mejor o tenga mayores prestaciones.
  3. Personalización: ofrece productos hechos a la medida del consumidor, de acuerdo a sus gustos o a necesidades específicas de salud.
  4. Outsourcing: tu solución permite a otras empresas externalizar partes de su trabajo de forma que se puedan enfocar en lo que realmente saben hacer (podría ser que te ocupas de sus traducciones, de la contabilidad, de la limpieza…).
  5. Estatus: creas una marca con la que el usuario quiera y pueda identificarse.
  6. Precio: entras con una oferta muy atractiva, lo que se dice una oferta irrechazable.
  7. Reducción de costes: no es lo mismo que la propuesta anterior, que aquí implica un cambio en la forma de hacer las cosas para bajar los costes (con la oferta muy atractiva del punto anterior puedes entrar en pérdidas, en este caso no).
  8. Accesibilidad: haces llegar a los clientes algo que antes no estaba a su alcance.
  9. Comodidad: les haces la vida más fácil a tus clientes con productos o servicios que atiendan a su conveniencia (comida a domicilio). Una tendencia muy en auge, puesto una vez que tenemos las necesidades básicas cubiertas, tendemos a buscar la comodidad.

Puedes usar cualquier (o varias) de estas formas de crear valor para crear tu solución y dar con tu idea de negocio.

Lo más importante es, como te digo, localizar la necesidad, el problema (o deseo) de tu cliente y ofrecer una solución.

Una vez que hayas depurado todo lo que tienes en la cabeza con estos 9 criterios, puedes comenzar a concretar lo que realmente podrías ofrecer.

Tu solución – diferentes formas que tu solución puede adoptar

La solución al problema de tu cliente o la forma de satisfacer sus deseos puede ser de muchos tipos:

  • A través de un producto (ropa, aplicación informática, comida, etc.)
  • En forma de servicio (de fotografía, de escritura, una empresa de limpieza, de reformas, de gestión del orden, de cuidado de niños…)
  • Generando suscripciones a una solución digital, publicación o servicio periódico por ejemplo.
  • Creando recursos para compartir (una piscina o un gimnasio, un club social, etc.)
  • Dedicándote a la reventa o venta al por menor (tienda de barrio por ejemplo).
  • Ofreciendo servicios de alquiler (coches, viviendas…).
  • Fundando una agencia que actúa como un intermediaria de servicios lugar en el que el cliente puede acceder cómodamente a todos los servicios que necesita.
  • Publicidad y audiencia, dando la posibilidad de transmitir ideas y mensajes (a través de carteles, un blog o revista por ejemplo).
  • Ofreciendo préstamos, cediendo un bien a cambio de la promesa de que te lo devuelvan con intereses (banco o casa empeños).
  • Asegurando a quien busque mayor seguridad (seguros de vida, viajes, médicos…)
  • Juntando a gente, dando la posibilidad a personas de acceder a otras (reuniones de familias viajeras, grupos de emprendedores, etc.).

El último paso a la hora de encontrar tu idea de negocio sería por lo tanto este, decidir cuál de estas formas crees que es la más apropiada como vehículo de la solución para tus clientes.

¿Por qué idea vas a empezar?

Llegados a este punto supongo que ya tendrás unas cuantas ideas a partir de las cuales podrías montar tu negocio.

Ahora la pregunta es, ¿por dónde empiezas?

En general, te aconsejo prestar atención a los siguientes puntos:

  • El potencial del negocio (tamaño de mercado, posibilidad de hacer dinero, competencia, precios, etc.).
  • Tu experiencia, capacidad y conocimiento en el área que tendrás que meterte.
  • Los contactos de los que dispones y la facilidad que tendrás para vender tu solución.
  • Tus gustos personales, las ganas que tienes de meterte a fondo en el ámbito de tu negocio.
  • Lo bien que se adapte a tus necesidades y te permita alcanzar tus objetivos: libertad, tiempo, forma de ser, comodidad, dinero…
  • Tu intuición. De entre todas las ideas que tienes delante, ¿cuál crees que de forma intuitiva que tiene mejores expectativas?, ¿con cuál piensas que te va a ir mejor?

Y por supuesto, también es útil ir tachando lo que no sirve. Yo suelo usar la eliminación automática:

“Si convertir tu idea en una realidad va a llevarte más de 10 días, supone meterte en un ámbito del que no sabes nada o depender de otros; si has de colaborar con mucha gente o es muy caro,  ¡apárcala de momento!”

Ahora, si sigues sin tenerlo del todo claro, te aconsejo optar por el camino más rápido:

“Teniendo en cuenta los recursos, contactos y conocimientos de que dispongo ahora mismo, ¿qué podría ofrecer inmediatamente a cambio de dinero?”

¿Ya lo tienes? Pues adelante.

Unas últimas palabras

Hoy hemos hablado de lo que necesitas para emprender y hemos descubierto un montón de formas de encontrar tu idea de negocio inicial.

Intenta no obsesionarte con encontrar la idea perfecta, no necesitas algo nuevo, ni revolucionario, simplemente tienes que crear algo que cubra mejor la demanda que la solución que ofrece la competencia.

Además, no olvides que lo que buscas es simplemente un punto de partida, una idea inicial que luego cambiará y evolucionará según lo que nos diga el mercado (es decir, según cómo reaccionen las personas para las que lo haces).

Si tienes los ojos abiertos y sigues las técnicas que te he explicado, no tendrás problemas para generar nuevas ideas de negocio y decidir por dónde empezar.

Ahora que sabes por qué idea quieres empezar, lo siguiente sería convertirla en un mini plan de negocio, un plan de una página que no te lleve más de 8 minutos hacer, pero eso ya queda para otra ocasión.

En uno de mis talleres tratamos todo lo que hemos visto en este artículo más a fondo y lo llevamos más allá, se trata del taller “Desde la idea a tu primera venta”. Posiblemente en algún momento lo convierta en un curso digital, pero de momento solo está disponible en vivo.

(Si te interesa el taller puedes enviarme un email diciéndomelo y te aviso cuando vuelva a organizar uno.)

En el próximo artículo te explicaré cómo hago yo con mis negocios una vez que tengo una idea, os explicaré un sistema que sigo para ponerlo en marcha.

¡Hasta entonces!

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