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Ya estamos en pleno verano. El curso finalizó hace varias semanas. Pero tenía todavía en el tintero un tema para hablaros que tiene mucho que ver con este curso pasado, en el que tantas cosas he ido descubriendo, aquí en la Marina Alta.

Pues bien, quiero hablaros del sistema asambleario. Dicho así suena a revolución, a política. Y nos puede resultar más o menos ajeno. En mi caso la palabra asamblea no me decía mucho. Jamás me hubiera imaginado que se pudiera integrar en la vida cotidiana y familiar (¡!!!)

Y así es. Si comienzo por el principio, fue en un curso sobre Educación Consciente (Aware Parenting) donde Laura Díaz nos habló de las asambleas como sistema de resolución de conflictos en una familia que quiere llevar a cabo un sistema de educación democrático.

El sistema democrático es un modelo de disciplina que se aleja del modelo autoritario (que impone, por la sencilla razón de que piensa que el adulto es el que siempre sabe qué es lo correcto) y también se aleja del sistema permisivo (donde el niño lleva siempre  la batuta, con lo cual el adulto deja de ser guía y de establecer ciertos límites que el niño sí necesita). El sistema democrático se sitúa equilibradamente en un lugar que deja al niño la suficiente libertad como para reconocer sus necesidades y sentimientos  y evolucionar sin dañar a los demás ni a sí mismo. Este sistema reconoce la sabiduría innata del ser desde su nacimiento pero también su necesidad de ser sostenido y limitado por el adulto. Acepta que el niño es un ser inocente y no trabaja con sistemas de castigos ni recompensas. Por supuesto, tampoco trabaja con abusos físicos o verbales.

Pues bien, en este sistema, es mediante asambleas como la familia puede llegar a decisiones consensuadas entre todos. Esto permite a los niños responsabilizarse de las decisiones y sentirse escuchados.

Qué necesitamos para una asamblea:

–    Orden del día: puntos o asuntos que queremos tratar. Podemos tener un papelito a la vista de todos donde los niños y adultos podamos apuntarlos a lo largo de la semana.
–    Presidente: da turnos de palabra y se asegura de que se respeten; lee la orden del día
–    Secretario: registra la asamblea en un acta
–    Cómo discurre: se van hablando los puntos, dando a conocer cada uno sus sentimientos y necesidades
–    Cómo acaba: con soluciones, que tienen que ser muy concretas y han de satisfacer a todos
–    Para centrarse en la asamblea:  se puede iniciar y/o finalizar con algún juego, canción o comida juntos

Con niños pequeños (hasta los siete años más o menos) es difícil organizar una asamblea como tal, con todas las formalidades. Pero sí se pueden ir haciendo mini-asambleas o breves reuniones en que se traten decisiones o cambios puntuales que el niño o los adultos quieren llevar a cabo y que despiertan interés común. Nosotros lo que hacemos es sentarnos brevemente en la mesa de la cocina y hablar el tema candente, dando todos nuestra opinión hasta encontrar una solución. Por poner un ejemplo real: nuestra última asamblea espontánea trató la necesidad que nuestro hijo mayor sentía de ver vídeos en el ordenador de vez en cuando. Hasta ahora, los adultos habíamos descartado la posibilidad de que se sentara regularmente frente a ninguna pantalla, porque no nos parecía conveniente para su desarrollo. Pero dado que ahora ya tiene cinco años y medio y que en las últimas semanas insistía mucho en ver vídeos de animales, le propusimos llevar el tema a la asamblea familiar. Allí nos explicó lo que quería y acordamos que pudiera ver un documental de media hora dos veces en semana.

El hecho de haber sido él mismo partícipe de la decisión implica que se responsabiliza de ella y la asume con naturalidad. Y si desea cambiarla, recurrirá al mismo método o tenderá al diálogo, porque sabe que está a su disposición.

Hasta aquí la samblea como sistema de toma de decisiones familiares.  Pero además, como decía, el sistema asambleario está muy presente en la zona en que vivimos.  Por poner dos ejemplos cercanos, poco antes de acabar el curso tuve la posibilidad de asistir como observadora  a la asamblea semanal del espacio educativo de mi hijo. En ella toman parte los participantes del espacio educativo y los acompañantes o educadores. La toma de decisiones a través de esta asamblea es tan provechosa y fundamental como en el caso de las asambleas familiares.

Y por último, también he tenido la suerte de participar en las asambleas de otro proyecto educativo de la zona. En este caso he acudido a algunas asambleas de los adultos, que se reúnen semanalmente para tomar decisiones relativas al proyecto (organizativas, educativas…).

A mi entender, como ocurre con cualquier sistema de comunicación o resolución de conflictos, es necesario practicarlo y conocerlo para manejarlo con soltura. Por ello existen, para grupos que lo necesitan, facilitadores que, como su nombre indica, ayudan a que las asambleas sean más efectivas.

En nuestro caso casero,  como hacemos (por ahora) mini asambleas sin apenas protocolos, no hemos tenido apenas dificultades. Pero somos conscientes de que es un sistema que requiere técnica y práctica.

En definitiva, para mí ha sido un gran descubrimiento este modo de gestionar los conflictos o deseos familiares o de cualquier tipo. Me encanta porque supone dar importancia a la toma de cualquier decisión, también darle tiempo, dar escucha  a las necesidades y sentimientos de todos los involucrados…

Decidme, ¿conocíais este sistema y lo ponéis en práctica en alguna faceta de vuestra vida?

 

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