La semana pasada, el día 28, hizo exactamente 9 meses que cerramos la puerta de nuestra ex-casa en Alicante y comenzamos esta etapa de vida en movimiento, viajando en familia sin tener un lugar de residencia fijo.

Cuando un bebé humano nace tiene todavía por delante 9 meses de exterogestación, fuera ya del vientre de su madre. A diferencia de otros mamíferos, nacemos totalmente vulnerables y dependientes.

Mi bebé viaje se había gestado en mi mente, en mi corazón; me había acompañado interiormente 9 meses (¡ciertamente fue así!)…

El 28 de diciembre pasado nació y desde entonces hemos estado otros 9 meses cuidándolo, viviendo 24 horas juntos y aprendiendo unos de los otros.

Nuestro bebé viaje, poquito a poco, comienza a desplazarse más autónomamente, a no depender tanto de nosotros. Nos conocemos mucho más que en diciembre pasado.

Han sido 9 meses de muchos altibajos, incertidumbres, descubrimientos, alegrías… Ha habido espacio para todo. Especialmente para tener más claro a dónde queremos ir

Hemos descubierto  9 cosas sobre él, que os explico a continuación:

1. Resulta que partimos con dos necesidades a la vez

Cuando decidimos hacer el viaje pensamos que no podíamos plantearnos mantener una casa mientras viajábamos y que si deshacíamos la que teníamos nos sentiríamos más libres para volar (y quizá establecernos en otro lugar, si lo necesitábamos).

La realidad es que al poco de comenzar a viajar (allá por marzo, ¿recuerdas?) ya tuvimos nuestra primera crisis y comenzamos a pensar dónde podríamos tener un lugar al que regresar. Nuestros hijos nos pedían una casa donde encontrar sus cosas, un lugar donde tener sus amigos.

A lo largo de estos últimos meses nuestras pulsiones han oscilado entre estos dos deseos: viajar lejos, muy lejos… Y tener un lugar al que volver. Por eso…

2. Necesitamos un lugar base

Nuestra familia como grupo lo necesita. Yo me hubiera quedado muy a gustito viajando con mi mochila por el Sudeste Asiático, si os soy sincera. Pero como somos una familia vamos a mirar los deseos de todos.

Los niños quieren tener una casa donde tener guardadas sus cosas. Una casa que sepan suya, a la que sepan que van a volver. El no saber dónde van a poner el árbol de Navidad o dónde van a celebrar su cumpleaños tampoco les gusta.

Tener una base nos ayudaría a unir lo mejor de los dos mundos: por un lado podemos viajar ligeros, tener aventuras y conocer mundo; por otro, podemos tener fases durante las que aprovechamos la profundidad que los muchos materiales que podemos tener en nuestra casa y los cursos, los talleres y las amistades conocidas nos dan.

Alternar fases de aventura y ligereza con otras de enraizamiento y seguridad, redescubrir nuestras propias cosas cada vez que volvemos a casa se nos antoja un gran plan.

La magia está en el cambio. Clic para tuitear

3. Conozco mejor a  mis hijos

Esto es algo que suelen comentar mucho familias viajeras que dejan su vida convencional  (cole convencional, trabajo convencional) y se toman un tiempo sabático para viajar.

En nuestro caso, que llevábamos una vida semi-convencional (así me gusta llamarla je, je), nuestros hijos antes de comenzar la vida nómada iban a una escuela libre (el tiempo que querían) y nosotros trabajábamos en casa. A mi parecer teníamos mucho tiempo para estar juntos y conocernos bien. No pensaba que el paso a una vida nómada fuera a suponer gran cambio en nuestra relación.

La realidad es que este tiempo itinerante sin espacio educativo al que acudir y muchas veces sin referencias externas (amigos, familia, lugares conocidos) nos ha dado muchas más ocasiones para conocernos de verdad. Hemos tenido que diseñar juntos un día a día, lo cual supone poner sobre la mesa qué necesita cada uno, cómo se siente… Hemos vivido momentos difíciles y lo más importante es que hemos comenzado a aprender cómo superarlos.

4. Conozco mejor a mi pareja

Salir de viaje en pareja. Irnos a vivir juntos. Irnos a vivir juntos a otro país. Tener hijos, uno en el extranjero. Mudarnos con nuestros hijos a vivir a otro lugar.

Y el último hito: viajar juntos indefinidamente con nuestros hijos. Al igual que me ha ocurrido con los niños, el no tener referencias externas y tener que diseñar juntos el día a día nos ha permitido (y nos permite, estamos en ello) ir descubriendo más cómo es el otro y qué necesita, dentro de la dinámica familiar viajera…

5. Me conozco mejor a mi misma

Bueno, este es el grandísimo reto de un viaje. Y del viaje de la vida, ¿no? Aquí voy avanzando con pasitos lentos 🙂

6. Viajar, trabajar y acompañar a la vez nos resulta complicado

Antes de comenzar la vida nómada llevábamos varios años con dinámicas muy diferentes. Viajábamos más bien poco (para mis expectativas) y desde hacía dos años los niños iban por la mañana a un espacio educativo, con lo que teníamos un tiempo exclusivo para trabajar.

La vida Kínder (trabajo, familia, viaje, todo en 1) nos ha sobrepasado en muchas ocasiones. Quizá porque estamos en un momento de lanzamiento de proyectos, que requieren mucha energía. Quizá por nuestro carácter…

A pesar de todo, en este momento mantenemos unos mínimos de estructura y comodidad.

Pero nuestro ideal (a día de hoy) sería alternar períodos sedentarios de trabajo más intenso, en los que nuestros hijos vayan al cole (si ellos quieren), con periodos viajeros en que trabajemos menos y podamos acompañar también mejor a nuestros hijos.

7. ¡Quiero MÁS!

Quiero seguir viajando.

Por Asia (me enamoré de Bali) por Europa (Países Escandinavos, todo llegará), por Sudamérica, por, por…

Mi ideal sería hacer un viaje transatlántico en invierno y otro bien largo por Europa en verano.

El tiempo dirá… Pero para hacerlo desde luego nos hará falta el punto 8.

8. Queremos seguir creando tribu viajera y lugares a los que poder volver

Ambas cosas nos facilitan los viajes y nos gustan.

La opción de viajar volviendo periódicamente a lugares conocidos, donde ya tenemos amigos y conocemos el entorno

También nos apetece  hacer a la inversa, salir a lugares nuevos pero con tribu, con personas que conocíamos o que hemos ido conociendo en los viajes.

9. Nuestra experiencia es solo nuestra

Nuestra experiencia viajando y las necesidades que por ahora nos hemos encontrado son algo muy personal, muy ligado a nuestro carácter y manera de ver el mundo.

Pienso que es importante que cada uno busque su camino, experimente y descubra la manera de viajar que más le conviene en cada momento.

Es típico decir que los niños necesitan un lugar donde echar raíces, que necesitan un cole para aprender…

Nosotros nos hemos encontrado con que sí nos podría resultar más fácil organizarnos con un un lugar base. Pero también conocemos muchas familias que llevan tiempo sin asentarse en ningún lugar y que son felices.

No hay recetas…

¿Y tú? ¿Cómo lo ves?

¿Habéis tenido una experiencia viajera y te apetece contarnos cómo lo vivisteis a nivel familiar y emocional?

Te espero en los comentarios…

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