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¿Viajar sin movernos del sitio? ¿Aprender inglés sin salir de nuestra casa, y sin hacer ningún curso online? ¿Conocer costumbres de todos los lugares del mundo, a razón de una por semana?

Sí, es posible. Y a partir de ahora lo bautizamos en Irabela’s como el viaje a la inversa.

Es lo que llevan haciendo Yolanda e Isidro, nuestros amigos de Kurukan, desde que decidieron que su yurta mongola sería un alojamiento ideal para ofrecer en Airbnb.

Así, como anfitriones, sin comerlo ni beberlo, se han ido dando cuenta de que ofrecer alojamiento en su yurta les da la posibilidad de estar en contacto con personas de lugares, idiomas y costumbres muy diversas.

De esta manera viajan sin moverse de su casa, en la Marina Alta.

Viajan a la inversa.

Yolanda, ya te conocemos de la entrevista de hace unas semanas, así que vamos al grano….

 ¿Cómo decidisteis haceros con la yurta?

En realidad la yurta nos llamó. No la fuimos a buscar. Yo conocía ya el espacio de la yurta, la había visitado por otra razón y se me había quedado el recuerdo de la sensación tan placentera al estar dentro.

Una tarde recibimos el mensaje de que se vendía. Al mejor postor, pero no al mejor precio, sino en función del tipo de proyecto para el que se fuera a usar. Para la dueña había sido un lugar que le había dado muchas experiencias y no quería que se usara de cualquier manera.

Vimos una gran oportunidad. Teníamos muchas ideas de proyectos en la cabeza y no sabíamos cuál se ajustaría a la yurta. Pero pensamos que, con la yurta, nuestro lugar para vivir y crecer trabajando gozaría de una propuesta diferente.

Esa misma noche llamamos y nos enteramos de todo. Cuestiones legales, de mantenimiento… Todo lo hicimos en una noche. Incluso nos enteramos de que había alguna puja de alguien conocido, que pensábamos que tenía más necesidad que nosotros y al que, por lo tanto, quisimos dar prioridad.

Al final resultó no ser así. La otra persona no lo necesitaba tanto como creíamos y de esta forma desapareció también ese impedimento. Llamamos a la dueña y le contamos nuestros proyectos. Y nos la adjudicó. Nuestro proyecto estaba en una línea que a ella le parecía interesante.

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¿Es tu primera experiencia como anfitriona?

Sí, como anfitriona de alojamiento es mi primera experiencia.

Pero ya habíamos tenido una pequeña experiencia previa de cuidar a la gente: “Déjame que te cuide”, que consistía en hacer, durante los mercados de intercambio de la Ecoxarxa (red de intercambio local) un mini restaurante, para dos personas.

Cuido con mimo la mesa, donde te sientas, los platos… y el servicio. Te hago un acompañamiento muy personalizado, con el que te sientes muy diferente y especial.

La experiencia “Déjame que te cuide” fue muy especial y ahora ese lema abarca lo que hacemos, especialmente la Yurta de Kurukan.

Nuestra idea es que lo que tiene que ver con la restauración (comida, alojamiento) se puede hacer con mimo y cuidando los detalles.

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¿Cómo surgió lo de dedicar la yurta a alojamiento?

En principio la comenzamos a usar para nosotros. Para dormir por ejemplo… Y nos encantó.

Como necesitábamos ingresos pensamos que, si la acondicionábamos a nuestro gusto, por qué no íbamos a rentabilizarla…

Pero, sobre todo, dentro de nuestro cambio de vida, la idea era abrir nuestro espacio de vida mucho más. Teníamos que pensar cómo podía entrar la gente en nuestra casa y para qué.

Alojar gente e intercambiar experiencias nos parecía genial.

Los tres, cada uno con nuestras necesidades,nos íbamos a nutrir de las experiencias de otros y a aportar las nuestras. Esto fue lo que nos hizo animarnos a poner el lugar para ello.

¿Estabais de acuerdo tu pareja y tú en poner la yurta como alojamiento de Airbnb?

A Isidro, en principio, lo que más le podía motivar era la parte económica. Pero la parte de compartir casa, espacio y tiempos es lo que más le ha costado.

Pero ese mismo proceso de abrirnos y cambiar es la evolución que buscábamos.

Para mí era más fácil, pero también he tenido que adaptarme y buscar la forma de sentirme a gusto.

Para mi hijo, por ser un niño, teníamos que ver cómo respetar sus espacios sus juguetes… Un niño normalmente se encuentra más en el egocentrismo y había que ver cómo se podía ir abriendo y viviendo experiencias menos egocéntricas.

Queríamos salir del egocentrismo de todos, del MI (mi espacio, mi tiempo, mis cosas…).

Por ejemplo, cuando quedas y sales a otro sitio a compartir una comida es diferente. Pero compartir en casa es mucho más intenso y real. Esto nos saca de nuestro espacio de confort y así podemos evolucionar.

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La experiencia está siendo positiva entonces…

La experiencia es muy positiva. Hemos llorado de emoción con la gente. Hay tantas cosas bonitas que nos están ocurriendo…

Casi todo es positivo.

También hay momentos críticos o difíciles… la ruptura de un juguete, o niños que hablan otro idioma… Pero todo es súper rico, porque buscamos la manera de encontrarnos.

Hemos descubierto que vamos viviendo las cosas de otra manera. Evolucionamos, cada uno a su ritmo.

Esta experiencia nos ha dado tanto…

Situaciones tan bonitas como que quienes están alojados nos inviten a comer a su zona, a la zona de yurta, con sus flores, su comida… Ellos realmente se sienten como en su casa y nos invitan. Precioso.

Estar atentos a las necesidades de cada uno de nuestros invitados y a las nuestras nos hace sentir a los demás. Es un espacio muy mágico.

Cuando hemos viajado hemos buscado la manera de entrar en las casas de los demás, porque lo que más nos interesa es conectar con la auténtica realidad.

 Y es eso mismo lo que hacemos aquí. Creamos  un espacio muy íntimo en ambos lados donde se da mucho respeto y a la vez la posibilidad de que haya intimidad para compartir.

Viajando de manera tradicional me parece más complicado conseguirlo. Es más difícil vivir experiencias con personas del lugar. En un hotel, por ejemplo, no se puede…

¿Cómo es vuestra rutina cuando llega un huésped a Kurukan?

Nuestra rutina empieza cuando reservan. Ahí ya comenzamos a ver qué necesitan: qué desayunan (qué tipo de cosas comen, si tienen alergias…), que tipo de estancia buscan (de paso, tranquilidad, buscar lugares…), y qué tipo de habitación necesitan (número de personas, tipo de personas…)

Después preparamos flores frescas, siempre quiero tener algo vivo dentro de la yurta. Cuidamos la  hierba que rodea la yurta, la ducha, las toallas, que la temperatura, el olor y la luz de la yurta sean apropiadas.

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El horario es flexible de entrada. Vemos que así es más natural, aunque esto nos hace estar pendientes de la llegada…

Les recibimos, les enseñamos su lugar. Les dejamos unas normas básicas de convivencia…

Y les enseñamos también nuestra casa. Les damos unas llaves y acordamos una hora para el desayuno. También les preguntamos dónde prefieren desayunar (al lado de la yurta, en el bosquecito, dentro de casa…).

Y después nos quedamos atentos a lo que van necesitando, si necesitan más espacio o más información o compañía…

¿Cómo ha sido vuestra experiencia con el idioma?

Muy graciosa, muy divertida, porque nuestro inglés es fatal. Para lo básico siempre parece que es suficiente pero nunca lo es. Y esto genera muchas situaciones divertidas…

La mayoría quiere aprender cosas en español y lo aprenden sí o sí, porque nosotros no sabemos mucho… Pero nosotros también vamos aprendiendo inglés.

El traductor de google siempre está ahí, a veces lo usamos directamente en las conversaciones…

Hemos tenido muchas conversaciones, sobre todo sobre educación, crianza, tipo de vida en España, tipo de vida en el lugar de donde vienen… todo con el inglés. Así que vamos aprendiendo.

Hasta Aman, nuestro hijo, ya tiene sus frases: ¿quieres jugar al fútbol?, ¿sí?,¿no?, ¿te gusta esto?,¿quieres bañarte en la piscina?, no quiero jugar…

Pero sobre todo ocurre que ahora sentimos la importancia de comunicarnos. A mí me interesa que mi hijo aprenda inglés, pero resulta que ahora él mismo se ha dado cuenta. Se ha convertido en su necesidad, ahora la siente.

Y yo igual, llevo toda la vida aprendiendo inglés de mala manera, sólo lo he practicado cuando lo he necesitado. Pero ahora me he dado cuenta de que necesito comunicarme más profundamente y por tanto aprender inglés mejor…

Aunque también te das cuenta de que ocurren muchas cosas sin hablar. Una mirada, mostrar algo… Pero esto es posible porque hay un espacio íntimo. De paso, con prisas, no sería posible.

¿De dónde ha venido la gente?

Irlanda, Holanda, EE.UU. China, Suecia, Francia, Rusia, Irán, España (incluso de aquí al lado).

¿Qué cambios ha obrado el viaje a la inversa en vuestra familia?

Muchísima más apertura en todos los sentidos. Sobre todo de sentimientos…

Al final hay tantas emociones… y son esas las que te reviven. Nos sentimos más vivos. Vemos que esto es una posibilidad para estar atentos y siempre recibiendo y dando. Mucho movimiento vital. No es “yo en mi casa, con mis cosas”, sino un movimiento constante, porque cada día es diferente.

Hasta en nuestra manera de relacionarnos y cómo relacionarnos notamos diferencias. Ahora buscamos esta misma vitalidad, por ejemplo, en las relaciones con nuestros amigos.

Estamos creciendo mucho más rápido en aquellas cosas que queremos cambiar.

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¿Existen diferentes tipos de viaje según los huéspedes que llegan?

Por supuesto. Cada visita es un viaje totalmente diferente porque necesita cosas diferentes y te da  un poquito de ella.

Por eso, en nuestra página de Kurukan hay un apartado que recoge lo que nos queda de cada persona que ha pasado por aquí. Puede ser alguien que venga por la noche, desayune y se vaya. Incluso eso puede ser súper profundo. Nos ha pasado.

De común con los viajes que hemos hecho, esto tiene que yo no viajo para hacer turismo. No me interesan las catedrales, sino quien hay dentro.

¿Habéis mantenido contacto con alguna de las familias que han estado en vuestro alojamiento?

Sí, de hecho este tema es algo complicado para mí. Porque cuando se plantean venir por segunda vez se me hace raro pedirles dinero.

Para mí es… tenéis que volver, queremos que volváis… Pero no podemos cobrarles, porque son como amigos…

Nos dicen, vaya negocio que tienes, ja ja.

A lo mejor no conseguimos llegar a vernos. Nos mandamos correos o fotos, hay gente que nos sigue en facebook… Pero sigue habiendo relación.

Vamos haciendo una red cada vez más grande de gente …

¿Una anécdota con vuestros huéspedes que no olvidaréis?

Un montón. Pero casi la que más me emocionó fue la anécdota de tres amigos, los tres musulmanes, que pasaron por aquí. Cada uno vivía en un lugar (EEUU, Austria e Irán) y se habían juntado en Barcelona para dirigirse juntos hacia La Alhambra.

Cuando iban a salir nos dijeron que les gustaría pasar a su vuelta, porque les había encantado estar y nos contaron a donde iban. Yo les pregunté “¿tendréis entradas?”, porque era verano y en esa época hace falta comprarlas con antelación. Y no tenían. Casi se nos mueren…

Pero conseguimos las entradas. Empezamos a ver cómo hacerlo y las conseguimos. Fue súper emocionante.

También la anécdota de los suecos. Vienen buscando hacer homeschooling, paran aquí, les parece genial y lo cuentan en su grupo homeschoooler de facebook. Al día siguiente diez familias suecas quieren venirse. De hecho por aquí han pasado cinco de esas diez familias.

O el flamenco. Este verano en el Bloody Mary, el xiringuito de montaña de al lado, había flamenco todos los domingos. Como el domingo era el día de entrada de muchas de las familias, imagínate qué genial: tú llegas de Alemania y la anfitriona se pone a bailar flamenco. Mucho más fácil integrarte en este mundo español. Y les encanta. Terminan bailando contigo e imagínate qué inicio… Era muy gracioso.

O una madre sola que viene con una niña, de paso por aquí, sólo para cenar y dormir… Y se encuentran con que tienen un “petit restaurant”, que les preparo todo en plan juego para cenar. Y de repente además hay fuegos artificiales en el pueblo vecino…  Con lo súper tarde y cansadas que llegaron… la madre flipaba…

O una familia que llega, con dos niños, nosotros no podemos estar para recibirles (se complica la cosa por la hora a la que finalmente llegan). Pero está mi suegra. Y cuando volvemos a las 12 de la noche nos encontramos en la yurta a todos con mi suegra, jugando por las camas, muertos de risa. Nosotros estábamos preocupados porque no veíamos a mi suegra y no nos imaginábamos que pudiera estar en la yurta. Y los niños estaban encantados con la abuela… Al día siguiente no querían desayunar sin ella…

Hay un montón de anécdotas así…

¿Algo más que te apetezca contarnos?

Sí: una de las cosas que nos encanta es que no hemos tenido ni una mala experiencia. De no conectar o de no saber llegar a quien se aloja en nuestra yurta. O que ellos no hayan sabido elegir el lugar…

Ni una. Es todo genial.

Mil gracias, Yolanda, por compartir de nuevo tus experiencias con nosotros. Por darnos a conocer tus experiencias de viaje a la inversa.Y por hacernos más palpable que el término viajar es algo muy profundo, muy personal y muy vivo.

 

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Nos vemos en la zona de comentarios 🙂

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