viajar en familia

Aunque viajar nos gusta mucho, aunque incluso en ocasiones hayamos soñado con cambiar radicalmente de vida y marcharnos en furgoneta con la family a “globettrotear”, a viajar con nuestros hijos, la idea de mantener una estabilidad familiar y profesional nos hace dejar de lado la idea y “ser serios”.

Desarrollarnos profesionalmente, dedicarnos a lo que más nos gusta… también hemos soñado con ello. Pero generalmente nos resulta muy difícil abandonar la estabilidad económica en búsqueda de la verdadera vocación, especialmente cuando hay niños pequeños en el hogar.

Estas y otras cuestiones son las que han aflorado en mi mini-estudio acerca de nuestro acercamiento a una vida más libre, más acorde a lo que deseamos, tanto en el trabajo, como en el aprendizaje y la crianza, como a la hora de decidir dónde vivir.

Pero comencemos por el principio: nacer y criar

Nacen nuestros hijos. Desde ese maravilloso instante, la gran mayoría de mis entrevistad@s se cuestionan si su comportamiento a la hora de cuidar, alimentar y estar con el bebé es acertado. Ponen en cuestión el modo de hacer de la corriente mayoritaria y comienzan a buscar y contrastar información. Libros, internet y amistades son las fuentes de información preferidas. Las opiniones de la familia, por el contrario, suelen ser bastante menos apreciadas.

Existe una gran necesidad de tribu, es decir, de cercanía con otras mamás y papás con bebés con las que poder compartir dudas y tiempo juntos. Y ayudarse.

A tod@s les gusta mucho pasar tiempo con sus hijos, pero les resulta bastante agotador. En este aspecto, la tribu es de gran ayuda.

Aprender, no sólo en la escuela

Los niños suelen permanecer en casa los primeros años. Conforme van creciendo, en muchos casos en torno a los 3-4 años, las familias piensan en la necesidad de encontrar un espacio educativo para ellos. En su gran mayoría se alejan de la educación convencional y acuden a escuelas libres o Waldorf; también hay quien hace unschooling o homeschooling, o quien intenta buscar una escuela pública lo más respetuosa posible.

¿Trabajar, con mi bebé?

Una gran parte de mis entrevistadas (las que cuentan con una pareja que aporta económicamente a la familia) manifiesta su clara preferencia por estar con el bebé y dejar de lado el trabajo por unos años, siempre que la familia pueda salir a flote económicamente. Aunque esto suponga apretarse el cinturón y renunciar a extras.

Suelen ser ellas las que hacen un parón en su actividad profesional, pero a veces lo hace su pareja.

En otras ocasiones, aunque la mujer hace un parón inicial, al cabo de los meses ambos comienzan a compartir el cuidado de los hijos y el trabajo.

Durante este proceso de cuidar del bebé y del niño pequeño, suele darse que aflora lentamente, conforme los niños crecen, el deseo de llevar a cabo una actividad laboral que satisfaga personalmente. El trabajo previo a la maternidad puede haberles traído una realización más o menos plena, pero la maternidad hace que, en muchos casos, se evoquen antiguos intereses y se planteen nuevas posibilidades profesionales.

¿Y qué tal si viajamos en familia?

En la gran mayoría de los casos, nos encontramos con que viajar no es algo prioritario durante estos primeros años: se anteponen otros intereses o necesidades.

Much@s de mis entrevistad@s hablan, en primer lugar, de la imposibilidad de hacerlo por razones económicas: han renunciado a los ingresos de un miembro de la pareja y esto deja a la familia en dique seco.

Pero ocurre también algo curioso: cuando les menciono la existencia de familias que viajan con sus hijos por el mundo, en autocaravanas  o en su propio coche, como la famosa familia Zapp, encuentro que casi siempre existe una ilusión latente que se despierta. En muchos casos la propia entrevista les hace replantearse posibilidades y planes dejados de lado desde que nació el (primer) bebé.

Hay muchas ganas de viajar, conocer otros lugares, culturas, idiomas. Y se piensa que para los niños es muy muy interesante hacerlo también.

Sin embargo, la idea despierta algunos peros más:

  • Existe una idea generalizada entre las entrevistadas que influye mucho a la hora de plantearse la duración y estructura de los viajes: se piensa que los niños necesitan una vida estable, con lo que lo más habitual es pensar en salidas en verano, de entre uno y tres meses como máximo. Se cree que no tener un lugar base donde pasar la mayor parte del año desorienta a los niños, que se sienten desarraigados, lejos de su casa, su familia y sus amigos. Por tanto, se descarta una “desconexión” de uno o más años viajando por el mundo.
  • Por último, el trabajo nos ata físicamente. Descartamos hacer viajes más largos porque no tenemos suficientes vacaciones, porque no podemos pedir excedencias o porque no nos imaginamos desarrollando versiones online de nuestro trabajo, otros trabajos online, o llevando a cabo un trabajo que no necesite de lugar fijo (afortunadamente, tenemos testimonios como este de que sí es posible).

Declaración de intenciones

Hasta aquí las conclusiones de mi estudio. Son conclusiones hechas a partir de un pequeño grupo de población, con lo cual sé que no tiene porqué representar la corriente más habitual en nuestra la sociedad. Pero sin embargo, sí pienso que son parte de una tendencia actual bastante amplia.

Por eso quiero que sean el punto de partida de los artículos de Irabela’s, porque me interesa centrarme en:

  • El mundo como escuela: sea en vacaciones, los fines de semana o todo el año. Explorar esta maravillosa opción está abierto a cualquiera. Aunque existen preferencias o incluso barreras (mentales, económicas, etc.) que nos pueden hacer dejar de lado la experiencia de viajar con nuestros hijos.
  • La autorrealización en el trabajo: la mayor parte de las veces el nacimiento del primer bebé significa que el trabajo de uno de los dos miembros de la pareja se detiene en seco. Y la reincorporación a la vida profesional viene acompañada de grandes cambios, ya no solo debidos a vernos obligados a conciliar familia y trabajo sino al cambio de valores que supone la maternidad/paternidad.
  • La crianza consciente, esa llamada que solemos sentir desde que parimos, que nos lleva a cuestionarnos viejas actitudes y parámetros.
  • El adiós a la manera de aprender clásica: a día de hoy ya no pensamos que la única manera de aprender nos la da la escuela convencional. Comenzamos a ver a nuestros hijos como seres auténticamente predispuestos al aprendizaje y por tanto comenzamos a creer en la necesidad de escuelas o entornos más respetuosos.

Os dejo con este artículo , en el que tenemos la suerte de conversar con Katie Barnes, estadounidense que junto a sus tres hijos y su pareja recorre Europa haciendo worldschooling. Fueron los primeros worldschoolers que tuve la suerte de conocer en persona. Ellos regaron y abonaron, sin que yo fuera del todo consciente, mi semilla de inquietud viajera. En él nos cuentan de su día a día, de cómo se organizan sin escuela y les pedimos consejos prácticos para nuestro propio worldschooling.

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