Esta semana entrevistamos a Oliver Horlacher. Oliver y Lara son la pareja iniciadora del encuentro (comunidad temporal, coliving o coworking) que ha tenido lugar en Koh Phangan y del que hablamos la semana pasada.

Junto a su mujer, Lara, dejó de residir en Alemania en julio de 2015. Se lanzaron con sus por entonces dos hijos (ahora 3) a vivir en libertad, sin lugar de residencia fijo, trabajando online y aprendiendo de los países y gentes que van conociendo.

Como ocurre frecuentemente, fue una situación de distanciamiento y malestar en el núcleo familiar la que les impulsó a dejarlo todo -trabajo, posesiones y entorno habitual- en búsqueda de una mayor armonía y bienestar para todos.

Ahora vamos a dejar que el propio Oliver nos vaya contando cómo ha sido y es su vida de dos años para acá…

Gracias por estar aquí, Oli. Comenzamos con la primera pregunta… ¿Cuándo y por qué comenzasteis a viajar? ¿Cuál fue el desencadenante?

El desencadenante de nuestro viaje, o mejor dicho de que dejáramos Alemania, fue que el modelo de vida familiar que queríamos llevar no era posible allí.

En casa siempre habíamos estado muy unidos, los niños siempre habían estado muy cerca de nosotros: enseguida nos dimos cuenta de que no queríamos llevar a Giulio al jardín de infancia, y no lo hicimos. Y con Susanna lo mismo. Con Giulio fue relativamente fácil, con un niño Lara podía gestionarlo todo bien. Aunque claro, se ocupaba de Giulio las 24 horas. Y mientras yo estaba trabajando, porque cuando vivíamos en Alemania trabajaba para una empresa, en la que pasaba muchas horas.

Con un niño este sistema nos funcionaba pero cuando llegó Susanna nos encontramos con que teníamos las necesidades de ya dos niños, las de Lara y las mías, lo cual era muy difícil de gestionar. Además habíamos comprado una casa. Nos encontrábamos con el desafío de querer satisfacer nuestras necesidades, ocuparnos de la casa y del trabajo.

No quedaba tiempo para nuestra vida familiar, para el modelo de vida familiar que habíamos elegido.

Cuando nació Susanna nos dimos cuenta de que por mis obligaciones profesionales no tenía nada de tiempo para la familia, para ejercer mi papel de padre. Y esto nos hizo decidir buscar un cambio. En primer lugar dejé mi trabajo y nos pusimos a buscar una solución que por una parte nos diera más tiempo y por otra parte fuera algo que a mí me gustara mucho más, que me entusiasmara, que me satisficiera.

Yo había dejado el colegio con 15 años, había hecho una formación profesional y me había dedicado a lo mismo hasta mi 38 cumpleaños. Sin encontrar en ello la satisfacción profesional que me había imaginado.

Así que teníamos estas dos razones: que la vida familiar que queríamos así no funcionaba y que yo ya no era feliz en mi profesión.

Era una situación muy incómoda. Teníamos unas expectativas, unos deseos, y no podíamos cumplirlos. Para Lara era imposible satisfacerlos así. Para mí más o menos, yo volvía a casa y lo hacía todo lo mejor que podía. Hacía lo que los niños esperaban de mí. Pero entre Lara y yo las cosas no funcionaban en absoluto, cada vez nos alejábamos más. Yo estaba ocupado con mi trabajo. Lara con la casa y los niños. Pero no estábamos a gusto.

¿Dónde habéis estado desde entonces?

En primer lugar vendimos nuestra casa y nos decidimos por comenzar un negocio online. Tenemos un blog en el que regularmente publicamos post, videos. Justo ahora acabamos de relanzarlo, dos años después. Antes se llamaba Fit for family y ahora die Horlachers.

Tras vender la casa nuestra primera intención era ir a Costa Rica. Lo hablamos en casa y Giulio, que entonces tenía cuatro años y medio, no estaba de acuerdo. Por entonces no quería volar. En él encontramos cierta resistencia.

Habíamos hecho siempre vacaciones en camping, nos gustaba mucho ir con tienda y con remolque y como Giulio tenía esta aversión a volar y también a que nos fuéramos a lugares desconocidos, decidimos comprar una autocaravana.

En julio de 2015 comenzamos a viajar con ella. Estuvimos 4 meses en el sur de Europa, en su mayoría en Italia, en Cerdeña, nuestra isla favorita. También estuvimos en el sur de Alemania, en el Chiemsee.

Después habíamos decidido pasar el invierno en Europa, en la autocaravana. Comenzar por  el sur de Italia y luego cruzar con el ferry a España, llegando por Barcelona. Pero Lara y yo volvimos a tener ganas de pasar nuestro primer invierno en un lugar tropical, en un lugar realmente cálido.

Volvimos a plantearnos el tema, pero ya pensando en Tailandia, no en Costa Rica. Yo había estado aquí ya de joven, hace más de 20 años, como mochilero, con un amigo. Tenía muy buenos recuerdos de entonces y a Lara también le apetecía desde siempre conocer Tailandia.

Salimos para acá en noviembre de 2015. Giuglio, tras cuatro meses disfrutando muchísimo de la vida en al autocaravana, también estaba dispuesto a volar. Así que de manera bastante espontánea compramos un vuelo a Phuket, un vuelo sin fecha de vuelta, para estar un tiempo sin determinar en Tailandia.

Por entonces Lara estaba embarazada de 3 o 4 meses de Katharina. Y creo que ya sabíamos que no volveríamos de Asia antes del parto. Creo que sabíamos que si nos iba bien y si todo iba bien con el embarazo, Katharina nacería en Asia.

Y así fue. Volamos a Tailandia a finales de noviembre.

Aterrizamos en Phuket y al cabo de un par de días llegamos a Koh Phangan. Fue algo espontáneo. No teníamos planes concretos, queríamos ver cómo nos sentíamos por aquí antes de decidir qué hacer. Pero nada más poner el pie en Koh Phangan tuvimos claro que no nos marcharíamos de aquí. Era todo tan bonito, tan armónico.

Buscamos alojamiento y estuvimos casi seis meses. El 27 de marzo nació Katharina. Después de hacer su pasaporte en Bangkok volamos de vuelta a Frankfurt. Recogimos la autocaravana y pasamos en ella todo el verano de 2016, haciendo un gran tour por Alemania, por muchas ciudades, con muchas citas de trabajo. Además estuvimos también en el Sur de Europa: en Italia, en Cerdeña, en Suiza, Francia, España.

Noviembre lo pasamos en el Chiemsee (Sur de Alemania). Y a finales de noviembre- principios de diciembre volamos a Koh Phangan, donde seguimos ahora. Aquí ha tenido lugar desde entonces el encuentro de familias y hay familias que siguen aquí todavía. Es maravilloso. Nosotros mismos estamos aquí sentados, en el resort Buritara.

Seguiremos aquí hasta el 14 de abril, fecha en la que volaremos a Frankfurt.

Y puedo continuar contándote nuestros planes… Pasaremos un mes en Alemania, visitando familia y amigos, que nos encanta. Luego viajaremos con la autocaravana hacia el sur y volveremos a Cerdeña para estar allí desde mediados de mayo hasta finales de junio.

Y después queremos pasar tres meses viajando por Noruega y Suecia. No tenemos planes concretos pero van a ir fraguándose en breve; informaremos pronto de ellos en nuestros canales de difusión.

¿La vida nómada es como os la imaginabais? ¿Qué es lo que más os ha sorprendido?

Lo que más me ha sorprendido de viajar, de ser libres, es lo sencillo y lo maravilloso que puede ser moverse en libertad, sin ataduras, por el mundo. Yo no sabía de esto.

Como decía, antes era empleado, trabajaba muchas horas a la semana y ahora me sorprende lo fácilmente que uno puede tomarse su libertad. No hace falta mucho. Sí que hace falta cierto valor, responsabilidad… pero no es ni mucho menos tan complicado o tan cansado como uno se imagina.

También nos hemos dado cuenta de que podemos renunciar a muchísimas cosas materiales, a todo el materialismo con el que en cierto modo vivíamos en Alemania. Podemos movernos con realmente poco. Hace poco hemos hecho un vídeo sobre el tema (en alemán), porque acabamos de devolver dos maletas grandes desde Malasia de vuelta a Alemania. Resulta que volamos a Tailandia con dos maletas grandes y dos de mano. Pero estando aquí nos hemos dado cuenta de que no necesitamos tanto. De que teníamos cosas que seguro que tienen una utilidad pero que aquí no necesitamos.

Ahora somos muy felices con las pocas cosas que tenemos. Todo lo que tenemos lo usamos. No son cosas que estén ahí, las dejemos en una esquina olvidadas. Me he dado cuenta de la cantidad de cosas que podemos llevar encima y que realmente no necesitamos, que en realidad son obstáculos subconscientes. No sabía que esto era tan intenso.

Lo que me ha sorprendido positivamente es la simplicidad de la vida que disfrutamos aquí. Viajamos a donde queremos, siendo responsables de nosotros mismos, cuidamos mucho de mantener el contacto con nuestras amistades y con nuestra familia, aunque estamos muy lejos.

Y también estamos muy pendientes de ser coherentes con nuestros valores, que están unidos estrechamente con nuestra familia –conmigo, con Lara y los niños. Con estar muy unidos. Con escuchar atentamente las necesidades de nuestros hijos. Y mantener nuestras amistades. Son cosas de cuyo valor nos hemos dado cuenta ahora. Porque antes siempre teníamos una excusa. En mi caso la excusa es que tenía que ir a trabajar.

También ha sido una sorpresa para mí el que el trabajo haya perdido importancia. Por supuesto que nuestro negocio online es importante- es nuestra manera de ganar dinero y de mantenernos.

Pero cuando algo no va bien en nuestra familia para mí lo importante es dar un paso atrás y mirar por qué ha llegado a suceder esto, qué ha pasado para que alguno de los niños o Lara o yo no seamos felices.

Ya no decimos “ahora no podemos ocuparnos, tenemos que acabar esto para el blog”. Ya no lo hacemos. Para nosotros es muy importante ahora comprobar que estamos bien, que somos fuertes, conscientes, que podemos ocuparnos de las necesidades de cada uno.

En los últimos dos años hemos comprobado que así nos va muy bien, también a los niños. Viajar con los niños es algo diferente, uno tiene que soltar muchas cosas, pero a cambio de soltar tanto también recibe mucho. Muchos regalos.

El año pasado y este hemos vivido experiencias tan maravillosas con las muchas familias con las que hemos estado aquí en Koh Phangan. Tantas dinámicas de las que no sabíamos. Esta es la sorpresa más maravillosa. La vida en libertad y lo que de ella se deriva.

¿Lo más difícil de este camino?

Lo más difícil fue el comienzo. Al comienzo yo no sabía gestionar la situación de que muchas personas no me permitieran hacer lo que yo quería. Esto fue muy intenso al principio.

Se nos cuestionó mucho. Por ejemplo: “cómo podéis vender vuestras cosas, deshaceros de los cimientos de vuestra familia, dejarlo todo, viajar con los niños, que necesitan una base…”.

Al principio me resultó muy difícil tener que soportar esto. O verlo proyectado sobre mí o sobre Lara. Porque simplemente no tenía la experiencia para gestionarlo. Nos pusimos en marcha, con cierta incertidumbre, pero siempre centrándonos en nuestra familia, como decía antes. Centrándonos en el fuego de nuestra familia, para que no se extinguiera.

A día de hoy ya me resulta muy fácil gestionar esto porque he llegado a comprender por qué ocurre, dentro de los amigos más cercanos o de la familia.

Me he ido de viaje a otros países, a menudo estoy de viaje y mis padres ya no me ven tan a menudo. Soy su hijo y se preocupan. Ya son mayores, tienen casi 80 años. No han estado nunca en Asia y tienen ciertos miedos. Ahora puedo entenderlo mejor que al principio.

Al principio pensaba que querían molestarme, que no querían que fuera libre. Y no sólo la familia, sino vecinos o incluso gente que ni conocíamos pero que se habían enterado de nuestros planes. Pensaba que había cierta envidia, que deseaban esa vida en libertad. Que en realidad es tan fácil de conseguir, como he dicho antes…

Pero ahora me doy cuenta de que detrás de esto hay mucho malestar, sobre todo en mis padres y en los de Lara, que también tiene que ver con los nietos. Ahora lo soporto muchísimo mejor.

Y desde que lo acepto mucho mejor la situación ha cambiado, porque también he cambiado mi actitud frente a estas personas y las invito a soltar en mí su malestar. Les muestro que les entiendo pero que a nosotros como familia nos va muy bien y nos sentimos estupendamente. Y desde que he cambiado mi actitud veo como para ellos es más fácil.

¿Cómo organizáis vuestro día a día como familia?

Tenemos dos sistemas. Un sistema más desordenado, abierto, donde no organizamos nada. Es el sistema que estamos siguiendo ahora en Koh Phangan, porque funciona muy bien al haber tantas familias. Consiste en que trabajamos cuando el momento lo permite. Ahora no vivimos en Buritara (el Resort del encuentro de familias de este año) sino cerca de Thong Sala.  Pero quedamos, o tenemos visitas y vamos con ella a la piscina, o a comer o a la playa. Y uno de nosotros, o Lara o yo, se retira esas dos horas- con la cámara y el ordenador- para trabajar. Trabaja mientras el otro se ocupa de los niños. O también me voy yo solo, o Lara sola, con los niños.

O si vamos a desayunar me siento a un lado y trabajo esa hora u hora y media que estamos allí.

Este es el sistema abierto. Funciona muy bien porque somos dos y si vienen un par de familias amigas Giulio y Susanna pueden jugar con ellos y los adultos podemos hablar. Funciona muy bien, pero porque hay muchas familias aquí.

Lo que ocurre ahora aquí es muy bonito. Koh Phangan creo que está convirtiéndose en un punto de encuentro de familias. El encuentro no ha terminado, continúa habiendo familias y parece que volverá a haberlas el año que viene. Casi me atrevo a decir que el año que viene volveremos a estar aquí, porque nos encanta y nos encaja ahora mismo, como familia con niños pequeños.

Y tenemos también nuestro sistema estructurado. En Tailandia lo usamos, pero sólo al principio, porque como también nos encanta la flexibilidad y el contacto lo hemos cambiado un poco. Con el sistema estructurado Lara y yo nos levantamos relativamente pronto. Ambos hacemos deporte todos los días, normalmente antes de que los niños se levanten. Yo normalmente me levanto a las 5.30, Lara quizá un poco después, hacemos deporte, después uno de los dos prepara el desayuno y uno de los dos se sienta a trabajar hasta las 10. Unas dos horas o dos horas y media o tres más o menos. Planeamos unas dos horas y media o tres por persona para trabajar cada día.

A las 10 y media nos cambiamos y quien deja de trabajar se ocupa de los niños. Y este segundo turno dura hasta las 14. A esa hora acabamos de trabajar. El que no trabaja sale con los niños, para que el otro pueda concentrarse. Porque es difícil trabajar si no en el bungalow en el que estamos. Es un sistema que hay que planificar, pero es muy efectivo porque podemos trabajar esas tres horas con plena concentración. También es un poco mejor que el sistema flexible porque si tenemos que organizar citas, para coaching por ejemplo, porque así sabemos que esas horas estaremos disponibles.

¿Cómo financiáis vuestra vida viajera?

Cuando dejé de trabajar como empleado, los primeros seis meses estuvimos preparando el negocio, durante ese tiempo recibí una ayuda al emprendimiento de la Oficina de Empleo, porque inscribimos nuestra empresa en Alemania. La ayuda de estos seis meses se ajustó muy bien al tiempo que necesitamos para preparar el congreso online que organizamos en 2015. Y desde entonces nos hemos mantenido con los ingresos que obtenemos a través del coaching que ofrecemos en nuestro blog.

El año pasado, 2016, fui coach de congresos. Ayudé a 14 congresos a ponerse en marcha. Desde finales del año pasado nos hemos enfocado en relanzar el negocio, renovar el blog, cambiar el nombre. Ahora el blog ya está listo y nos centramos en relanzarlo.

Nuestros ingresos nos llegan a través de este negocio online.

¿Cómo se sienten los niños con esta vida?

Cuando salimos Giulio tenía 4 años. Susana justo 2. Katharina no había nacido. Quizá como los niños eran tan pequeños no todavía tuvimos ese cambio de situación –no quiero llamarla problema- que tienen otras familias con niños mayores, que tienen muchos contactos sociales, en que los niños dicen que no quieren, o que no se sienten bien, que echan muchas cosas de menos…

Aunque la verdad es que Giulio sí echó cosas de menos, él tenía ya algunos amigos que no iban a venir de viaje, por lo menos no todo el tiempo. Lo que hicimos cuando todavía estábamos en Europa es volver regularmente a lugares conocidos a visitar a amigos y conocidos. Tanto a nosotros como a los niños nos apetecía. Incluso el año pasado estuvo aquí en Tailandia una familia amiga, que nos visitó durante dos meses. El que el mejor amigo de Giulio estuviera aquí con su madre facilitó mucho las cosas, porque Giulio tenía mucho contacto con ambos.

Por otra parte, en casa la situación familiar es igual aquí que en Alemania. Existen las mismas peleas entre el hermano mayor y la hermana pequeña. No cojas mi juguete… Esto pasa aquí en el paraíso igual que en casa.

Esto está bien, es normal. Los niños tienen que desarrollarse, cada uno encontrar su lugar, hermano mayor, hermana pequeña…

Pero mi sensación, como lo veo yo y también por lo que me dicen otras familias, es que nuestros niños se sienten muy bien. Pero seguramente tiene que ver con que tenemos muchísimo en cuenta lo que necesitan.

Por ejemplo ahora Lara y yo habíamos planeado quedarnos en Asia hasta finales de mayo, Pero Giulio y Susanna están deseando ver a las tías, tíos, abuelos y abuelas, y también ir al Chiemsee, donde tenemos unos amigos con los que tenemos todos una relación muy estrecha. Además, allí podemos quedarnos en una casa de vacaciones que tienen los padres de Lara.

Así que atendiendo a este deseo de los niños volaremos el 4 de abril de vuelta a Alemania. Pasaremos entre 4 y 6 semanas por allí. Nuestra familia está en Ulm, que no queda lejos del sur de Baviera.

Aceptamos que los niños quieran volver. Llevamos aquí 4 meses y medio y está bien, nos hemos sentido bien, todos hemos tenido cubiertas nuestras necesidades. Ha habido un montón de niños en el resort. Ya había antes muchas familias en Koh Phangan… muchas familias de habla alemana, también inglesa, o española, francesa… Pero ahora ha habido más conexión, más posibilidad de unirnos.

Y es muy bonito que haya comunidades que viven aquí y que uno pueda llegar y simplemente unirse y relajarse y coger fuerza.

Pero ahora está también bien que volvamos a Europa. Ahí vivimos igual de libres. Pasamos la mayor parte de tiempo la autocaravana y Lara y yo también nos sentimos muy bien allí.

¿Cómo aprenden vuestros hijos?

Nuestros hijos aprenden todo el tiempo, de cualquier cosa que hacen, de cualquier situación en la que se encuentran.

Pero no les decimos lo que tienen que aprender, son ellos los que lo deciden.

Giulio tiene interés en los números, las letras, muchas cosas y le apoyamos para que pruebe y disfrute de ello. Si tiene una pregunta (o Susanna) le ayudamos.

También aquí aprenden muchísimo de niños mayores o más pequeños que ellos. Por una parte está el aprendizaje social, pero también ocurre por ejemplo que si un niño mayor sabe ya leer y Giulio lleva su libro favorito, de animales salvajes, los mayores, ya de 9 o 10 años se lo pueden leer.

Además vemos que cuando le leemos pone mucha atención en las letras y estoy seguro de que tarde o temprano comenzará a leer por sí solo. Él se lo enseñará a sí mismo automáticamente. Así ha sido con los números, contar, calcular.

Seguirá teniendo preguntas que le responderemos nosotros u otras personas y así irá adquiriendo conocimientos.

Nuestra idea del aprendizaje libre no consistirá en enseñarle cosas sino en que ellos sigan sus propios intereses, lo que para ellos es importante en cada momento.

Esto en una comunidad se da con muchísima intensidad. Hay otros adultos tomándose tiempo para los niños, no sólo leyéndoles, también jugando con ellos, en la piscina, construyendo.

Me gusta que no solamente estén los niños entre ellos, sino también con los adultos.

Las necesidades de los niños aparecen espontáneamente, y por eso el aprendizaje será también espontáneo. Nosotros dejaremos el espacio para que ocurra.

Para nosotros es importante satisfacer sus necesidades. Por ejemplo, si Giulio tuviera 12 años y quisiera saber cómo se construye un barco, para mí seguramente no fuera fácil explicárselo. Por eso buscaría la posibilidad de, por ejemplo, pasar unos meses en un lugar donde estén construyendo un barco.

Es importante contactar con personas que puedan por ejemplo enseñarle oficios manuales.

También me gustaría añadir que si Giulio quisiera ir a la escuela, como hablamos de satisfacer necesidades, si él lo quisiera buscaríamos una escuela que nos guste a todos, que acoja nuestros valores. No nos cerramos a esta opción.

Igual que si más adelante quisiera tener algún certificado académico le ayudaríamos a conseguirlo.

¿Qué significa para vosotros la palabra worldschooling?

Lo que hacemos desde hace dos años y medio. Mostrarles el mundo a nuestros hijos. Viajando con ellos por el mundo ellos van encontrando solos lo que les fascina.

Para mí es importante enseñarles otras culturas, otras personas. No que aprendan solamente sentados en el aula lo que es Asia, India, Sudamérica…  Que vean cómo viven otras personas.

Un tema importante para nosotros es el del consumo, no sólo de cosas materiales sino también de comida, el apreciar la comida y las materias primas.

Aquí en Asia salimos mucho a comer fuera, y lo disfrutamos. En Koh Phangan hay mucha cocina alternativa, vegana, cruda. Nos gusta disfrutarlo y poder quitarnos el peso de encima de tener que preparar la comida, porque comer vegano y crudo es muy trabajoso. Pero también queremos transmitirles a los niños que cuando vamos a comer hay personas detrás que tienen que prepararlo todo.

Además en Tailandia hemos visto que hay muchas personas de otros países, de Birmania, que trabajan por muy poco dinero. Y no es que queramos luchar contra este sistema, vivimos aquí y consumimos, con lo cual estamos apoyando también en cierto modo este sistema.

Pero me gustaría que los niños pusieran atención en cómo vive aquí la gente, que tengan en cuenta que no pueden hacer como nosotros y decir, venga, vámonos a comer a Orion. Y gastarnos 20-25 euros (aunque en comparación con Europa es muy poco).

Worldschooling significa mostrarles a los niños cómo viven otras culturas, los motivos que hay detrás. Me gusta que podamos viajar por el mundo. Y creo si se les transmitimos esto podrán desarrollar un criterio sano. Con todo lo que han visto harán todo lo posible para apoyar al mundo en lo que crean realmente importante.

Desearía que mis hijos se movieran con consciencia. Esto es algo relativamente nuevo para mí y por eso no me resulta fácil. No puedo irme a la selva a vivir y decir que no necesito más que sol, amor y mis hijos. He vivido otra cosa durante casi 40 años. En mí encuentro ahora muchas contradicciones, como lo que contaba del restaurante.

Pero intento ser lo más consciente posible, gestionar las cosas de la manera más consciente que puedo. Por ejemplo respecto a las materias primas… intentamos volar en avión lo imprescindible, venimos hasta aquí en avión pero luego nos movemos en trenes o autobuses.

¿Cuál es hoy en día vuestra razón para seguir viajando? ¿Ha cambiado desde el principio?

Ha cambiado es nuestra perspectiva de viajar. Nosotros, o yo, no podemos llamarlo viaje por el mundo. No viajamos de un sitio a otro. Sino que lo que tenemos son 3 o 4 puntos en los que nos sentimos muy bien y en los que queremos quedarnos.

Koh Phangan es como nuestra casa, el aire es bueno, la naturaleza está bastante intacta, nos sentimos muy bien con los niños. También nos gusta mucho el clima tropical mientras en Europa es invierno. A mí me gusta el invierno, hacer snowskate, esquiar, la montaña… Pero a nuestros hijos no les gusta. Por eso estamos tan a gusto aquí en invierno.

Luego, en el sur de Alemania están el Chiemsee y la zona de Ulm. Solemos ir de uno a otro porque en Ulm está nuestra familia.

También hemos descubierto en el sur de Italia la isla de Cerdeña, a la que llevamos yendo ya muchos años.

En estos tres puntos nos encanta estar y nos gusta volver. Tenemos amigos, sabemos cómo conseguir comida, cómo comportarnos, tenemos relación con los locales.

Al principio no teníamos claro cómo hacer, si viajar sin destino siguiente fijo, y esto ha cambiado. Ahora en cambio tenemos una rutina y sí lo sabemos. En el fondo la razón es que los niños tienen una referencia: ahora vamos al Chiemsee, luego a Cerdeña y seguro que luego tenemos ganas de volver a Asia.

Volvemos constantemente a aquellos lugares que más nos gustan.

Pero yo creo que conforme los niños crezcan esto cambiará. Seguramente los niños tengan otros intereses, quieran ver otras cosas o quieran estar en otros lugares.

El ser libre y decidir nosotros dónde vivir, sin depender de ningún lugar, sigue siendo la razón de fondo para viajar. Después de haber vivido en Alemania no somos capaces de querer tener un lugar fijo para vivir. Preferimos lugares flexibles a los que ir regresando. Allá a donde vamos no tenemos nada nuestro, aquí en Asia por ejemplo alquilamos bungalows amueblados. Y en Europa nos movemos en autocaravana.

¿Una anécdota viajera?

¿De qué tipo? Tengo tantas. Nos pasan tantas cosas… Moviéndonos tanto y estando en contacto con tanta gente… Pero te cuento esta de hace poco.

Fue a la vuelta de Penang a Koh Phangan. Estuvimos allí viviendo dos semanas. Habíamos ido a Malasia porque necesitábamos salir para conseguir un nuevo visado para Tailandia.

Cuando decidimos volver rápidamente quisimos, por una parte deshacernos de equipaje, porque llevábamos demasiado, y por otra conseguir el visado. Preparamos las maletas para enviar a Alemania y comenzamos a mirar cómo hacer con el visado. Quisimos hacerlo todo un viernes, pero no lo conseguimos.

Lo que conseguimos fue recoger el visado el lunes a las 14 horas, una hora antes dejar las maletas para enviar a Alemania (todo súper justo de tiempo) y coger con muy poco margen el tren desde Penang hasta la frontera con Tailandia.

Después perdimos el último tren desde la frontera hasta Surat Thani. Cogimos un taxi, cruzamos la frontera, fuimos a que nos pusieran el sello en el pasaporte, y al llegar a la estación de tren de Hat Yai el último tren nos cerró las puertas en las narices. Cogimos entonces el tren nocturno. Llegamos a Surat Thani a las 12 de la noche.

Y allí estábamos, con tres niños pequeños, a medianoche, sin tener dónde dormir. Pero la realidad es que nosotros confiamos en que todo acaba saliendo bien. A un par de metros acabamos encontrando un hotel en el que pudimos quedarnos. Dormimos hasta las 7.30 y luego caminamos tranquilamente a la estación para comprar el billete de autobús y ferry y volver a nuestra isla.

Lo he contado muy rápidamente pero fue muy agotador y muy tenso. Imagínate hacer todo esto con tres niños pequeños.

Pero si no hubiéramos podido coger el tren hubiéramos cogido un autobús, o hubiéramos dormido en Hat Yai.  Siempre hay posibilidades.

Fue maravilloso.

Me  demostró una vez más que si uno confía y se pone en marcha se acaba llegando. Que quizá no hay ni que llegar, que el camino puede llegar a ser lo más bonito de todo…

Me alegra poder hacer cosas así, aprender a confiar. Estamos en un país extraño – Tailandia todavía lo es, aunque hayamos estado ya en total 7 meses aquí- y me parece bonito algo así, dejar espacio para la aventura.

¿Dónde os pueden encontrar nuestr@s lector@s?

Nuestro blog se llama die Horlachers y como he dicho antes lo acabamos de relanzar. Además también estamos en  Instagram, Facebook y youtube. Allí mostramos nuestro estilo de vida, nuestro día a día y nuestra historia.

El blog es para mí ahora, tras dos años de experiencia online, como un diario privado. En realidad Lara y yo empezamos el blog para nosotros dos. Si ahora lo miro es como un álbum, con historias, delante del cual me puedo sentar por la noche y echar un vistazo y recordar todo lo vivido.

Me parece maravilloso. Y todos estáis invitados a pasar a verlo (en alemán). Estamos encantados de poder ofrecerlo.

Muchas gracias, Oli.

Y aquí acaba esta entrevista, por escrito la más larga de Irabela’s hasta ahora 😉

Pero espero y estoy casi segura de que si has llegado hasta aquí habrás disfrutado y te habrás inspirado tanto como yo lo he hecho.

Si es así, quizás quieras empezar tu viaje suscribiéndote a Irabela’s  y haciendo nuestro curso gratuito para gente que quiere trabajar en libertad.

(click en la imagen para acceder al curso)

En las próximas semanas continuaremos publicando entrevistas a las familias viajeras de Koh Phangan. No os las perdáis. ¡Nos vemos por aquí!

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