Foto de Dima Sharomov

 

“Donde fueres, haz lo que vieres”. Este es uno de los consejos para viajar de manera sostenible que nos da nuestra protagonista del blog esta semana, Maite Mompó, ex activista de Greenpeace.

Maite estudió Derecho, pero acabó siendo marinera de Greenpeace durante varios años. Paralelamente ha llevado a cabo viajes diversos por todo el mundo, con amigas o sola.

Aunque actualmente ya no ejerce de activista profesional en Greenpeace, no duda en lanzarse a la aventura de nuevo y coger un barco si la llaman.

Ahora se dedica principalmente a la concienciación medioambiental, dando charlas en colegios y haciendo difusión en medios diversos.

En la entrevista podréis conocer:

– su experiencia como activista de Greenpeace

– los mejores y peores momentos de sus viajes, con o sin Greenpeace

– cómo podemos viajar de manera sostenible

el aprendizaje personal que le ha supuesto viajar

– su actividad de concienciación medioambiental

– que también están ocurriendo cosas muy positivas en el mundo, no sólo las noticias negativas de los telediarios

– su libro “Rainbow Warriors: historias legendarias de los barcos de Greenpeace”

Os dejo con la entrevista. Tenéis la opción de verla en vídeo o de leerla. ¡Que la disfrutéis!

 

Hola, Maite,  ¿podrías contarnos cómo surgió el que comenzaras a trabajar para Greenpeace?

Pues bueno, a veces la vida te distrae, pero finalmente llegué a donde siempre había querido llegar desde niña: los barcos de Greenpeace.

Desde que de pequeña vi el primer Rainbow Warrior intentando salvar ballenas me dije que quería estar con esa gente.

Me hice socia de Greenpeace España y tenían un proyecto de educación medioambiental para adultos, que hacían en un velero. Acabé siendo marinera voluntaria de ese velero y me fui vinculando más y más con la organización. Trabajé dos años para Greenpeace España y luego di el salto a los barcos de Greenpeace Internacional.

Aparte de los viajes con Greenpeace, en diferentes barcos (Zorba, Artic Sunrise, Esperanza, el Segundo Rainbow Warrior) también has viajado por tu cuenta a muchos lugares, ¿a cuáles y qué hiciste allí?

He estado en Turquía, Tailandia y Laos, la India, Nueva Zelanda, Brasil, con unas amigas. Con ellas lo que hacemos es conocer los lugares y la gente, sin agenda cerrada. Tenemos unos mínimos y el viaje queda abierto. Por ejemplo no tenemos lugar donde dormir ni comer, lo buscamos hablando con la gente local. Tampoco seguimos guías.

Creo que hay una diferencia entre el viajero y el turista. El turista lo lleva todo cerrado, ya sabe dónde va a ir, qué va a visitar. El viajero espera más  a lo nuevo que le pueda traer el viaje.

En el último viaje que hice sola quería viajar dos meses por la India. Pero llegue a Dharamsala y me quedé los dos meses allí. Y en lugar de aprender de la cultura hindú me metí de lleno en el mundo tibetano.

¿Cuál fue tu momento más feliz en Greenpeace?

Qué difícil. Trabajando en cubiertas de barcos he estado más de 4 años de mi vida. Hay muchos momentos felices.

Un momento muy bonito fue en el 2009, en la cumbre de Copenhage del cambio climático, cuando liberaron a Juancho, el director de Greenpeace España.

El reencontrarme con amigos que hace años que no veo. Como en los barcos de Greenpeace te mueves de uno a otro y puede pasar mucho tiempo sin navegar, hay amigos que puedes no ver en años.

Trabajar en Nueva Zelanda también fue muy bonito.

¿Y el más difícil?

Muchos también. Creo que los más difíciles son cuando hay problemas entre la tripulación. Cuando hay problemas de convivencia no tienes escapatoria. Puede ser muy difícil, el barco es tu casa y lugar de trabajo y no puedes irte.

Has escrito un libro, ¿de qué trata, qué podemos encontrarnos ahí?

Hay más de 50 historias que han pasado en los barcos de Greenpeace, desde el comienzo de la organización. Me interesaba recalcar cómo comenzó y su vinculación con los nativos americanos.

Cuento historias tristes, divertidas, acciones trepidantes, cosas en primera persona o cosas que me han contado.

La parte negativa no la pongo. Mi intención era resaltar lo bueno. Todo tiene un ying y un yang pero mi intención no era criticar a nadie. Una cosa es que las cosas no funcionen y otra es criticar a nadie. Los temas de mal funcionamiento se tienen que resolver en los sitios, no airearlos.

Sobre todo el libro es para concienciar de lo que está ocurriendo en el mundo y de lo que podemos hacer.

Tu foco ahora está en la concienciación medioambiental: ¿cómo la llevas a cabo?

Yo parto de que los problemas del planeta provienen de nuestra inconsciencia. Somos totalmente inconscientes de cómo repercute nuestra vida cotidiana en lo que ocurre al otro lado del planeta.

Tengo un proyecto de sensibilización  medioambiental y pacifista que se llama “Cuentahistorias de la mar y sus orillas”. He seleccionado varias historias del libro, las cuento y luego abro debate de qué podemos hacer para que todo el mundo se vincule.

Si cada uno hiciéramos algo desde nuestra casa sería muy diferente.

Hay historias para todos los públicos. Es importante la sensibilización de todas las edades. A veces cuando sensibilizas a los niños esos niños son los que sensibilizan a sus padres.

Este programa lo hago en colegios, institutos, centros sociales, bibliotecas, librerías… en cualquier lugar donde se me permita. Llevo un proyector y acompaño las charlas de fotos, mapas, presentaciones etc.

Si retrocedemos a tu infancia… ¿tu familia era especialmente viajera?

No, nosotros siempre pasábamos las vacaciones en el mismo lugar: el pueblo de mi abuela. Y seguimos juntándonos aquí, en Pedreguer.  Viajar como familia no viajábamos. Mi padre sí viajaba por trabajo y mis padres han viajado por su cuenta con grupos organizados.

Pero su forma de viajar es muy diferente y no me gusta, a mí me gusta hacerlo sobre la marcha, esperando ver qué te trae cada viaje.

¿Algún viaje que recuerdes de manera especial?

En el 2008, cuando trabajé con el Rainbow Warrior en Nueva Zelanda, aproveché y me quedé dos meses más sola viajando por allí. Era la primera vez que viajaba sola en viaje largo y fue una experiencia maravillosa.

Con mis dos amigas estuvimos 4 meses viajando por el nordeste de Brasil y ese viaje también fue una pasada. Por todo lo que nos aportó.

¿Momentos difíciles viajando por tu cuenta, fuera de Greenpeace?

Cuando viajas con más gente tienes momentos de todo tipo. Como tienes una convivencia tan estrecha hay momentos de todo tipo, incluidas discusiones. Es difícil pero siempre creces mucho. Son momentos de autoconocimiento. Cuando estás en otro país y tienes un problema y lo tienes que resolver creces mucho.

Curiosamente cuando viajas sola y tienes problemas también es increíble cómo pides ayuda al universo y sales siempre de los problemas.

Si vinculamos viajar a ecología muchas veces no parece compatible. ¿Cuáles son los principales errores que cometemos viajando y cómo nos recomendarías que los solucionáramos para viajar de manera más sostenible?

Es complicado porque ya el hecho de coger un avión contamina mucho. Pero lo más importante para mí es que si vas a un sitio estés más tiempo para amortizar ese avión que tomas. Irte hasta nueva Zelanda para estar dos semanas para mí es absurdo.

Una vez que estás en el país tienes alternativas: puedes alquilar un coche o coger el transporte público, por ejemplo. Para mí  es mucho más interesante el transporte público, porque además ves cómo vive la gente, cómo se mueve, conoces a locales en los medios de transporte.

E intentar que el impacto sea el menor posible es súper importante. Porque además muchas veces se viaja a países donde la población tiene un nivel económico es mucho más bajo y nuestro impacto es mucho mayor. Hay que tener cuidado.

Integrarte lo más posible en la cultura, se trata de eso ¿no?

Sí, “donde fueres haz lo que vieres”. Es muy importante.

El turismo está machacando muchos lugares. Yo me cuestiono si viajar a algunos lugares, especialmente a aquellos donde antes no se viajaba. Porque estamos imponiendo nuestra cultura.

Por ejemplo en Laos nos pareció demoledor el efecto del turismo. Cogimos un barco para ir de Tailandia a Laos, que es el transporte que utilizan los locales para ir de los pueblecitos a la capital. Pero los locales no podían coger estos barcos porque estaban ocupados por los occidentales. Las mujeres estaban sentadas el suelo, los hombres detrás tragándose todo el humo, mientras los occidentales todos en asientos.

Nosotras nos tiramos al suelo con las mujeres y compartimos la comida, intentando entendernos con ellas…

Íbamos a estar un mes en Laos y nos quedamos sólo una semana. Nos afectó mucho lo que vimos.

Tailandia en cambio es un país que lleva muchos años con turismo y no se ve tan afectado. La mayor parte de la gente come comida tailandesa. En Laos los turistas iban a pizzerías, hamburgueserías, con música occidental.

Pero es  una perspectiva, es lo que nosotras vimos.

¿En tus viajes te encontraste con familias que viajaban?

Muchas veces. Y eso al principio sorprende mucho. Y cuando ves familias en sitios como la India, que es tan diferente, o en Tailandia o América latina, viajando con niños pequeños, te sorprende mucho más que verlas en Nueva Zelanda, que es más occidental.

Y esos niños me encantan, porque están mucho más abiertos a todo, porque ven sociedades diferentes,  maneras de vivir diferentes.

Tu vida de convencional tiene poco. Y en lo relativo al trabajo tampoco. ¿Por qué diferentes fases laborales has ido pasando?

Fui profesora de inglés muchos años. Me licencié en Derecho y ejercí durante un año pero no nací para ser abogada. Lo intenté por circunstancias pero lo dejé. Trabajé también en una empresa que montaba parques eólicos. He sido muchos años marinera de cubierta, que fue mi trabajo en Greenpeace. Y también coordiné un proyecto educativo en Greenpeace.

Y ahora doy charlas. Bastante variado. Vete a saber cómo acabo ja ja.

¿Y no has tenido la necesidad o el anhelo de tener un lugar fijo, un trabajo que te diera una seguridad?

Yo creo que no podría volver a hacer un trabajo de oficina, por ejemplo. Preparar las charlas me lleva mucho tiempo, es mucho trabajo y lo hago desde casa.

El cambió más grande de mi vida lo veo más mirando dónde he trabajado y dónde he vivido.

La primera parte de mi vida fue en mi ciudad natal. Hice vida de ciudad, con lo que implica.

Luego hice vida de mar, viajando, llevando la vida en tierra y mar al mismo tiempo.

Y ahora estoy en otra fase, en tierra. Vivo en un pueblecito pequeño y mi idea es irme al campo y tener una conexión más estrecha con la madre tierra y con nuestro planeta. Sin dejar de navegar, porque soy marinera y lo llevo dentro

Creo que el problema del planeta es que nos hemos desconectado de él y es a dónde quiero ir.

Te gusta recalcar, y a mí me gusta mucho oírlo, que en el mundo no todo son desgracias, como les gusta mostrarnos a los medios de comunicación de masas. Que también están ocurriendo cosas bellas, iniciativas que cambian el mundo a mejor… ¿Podrías hablarnos de la que más te ha llamado la atención?

Se habla solamente de lo que interesa al poder. Hay muchas cosas positivas sucediendo en el planeta y nunca lo vas a encontrar en un telediario.

Por ejemplo esos barcos de paz que intentan todos los años romper el bloqueo de Israel sobre Gaza nunca salen en los telediarios. Y eso es importantísimo. Porque para los palestinos significa que hay gente que está intentado ayudarles.

También se está volviendo a la agricultura ecológica. Se está recogiendo el conocimiento ancestral, de antes de que llegara la revolución verde.

Ahora, 40 años después, la tierra está muerta, el agua está envenenada, los alimentos también tienen veneno, los casos de cáncer se han multiplicado. Pero hay gente que se está yendo al campo y haciendo las cosas de manera distinta.

¿Un viaje que tengas pendiente?

Tengo muchos. Viajar por viajar no, cuando estuvimos en Laos ya dijimos que no más.

Me gustaría ir a Bangladesh, a ver qué está haciendo el segundo Rainbow Warrior que lo convirtieron en buque hospital y la directora de la organización que lo tiene me ha invitado muchas veces.

También me gustaría ir a Chile, donde también tengo amigos de los barcos que me han invitado. Y luego quizá ir en un barco de pesca al Sur de Chile y ver lo que está sucediendo allí.

También me gustaría poder llegar a Gaza en un barco. Es el primer viaje que quiero hacer este año: intentar romper el bloqueo. Tengo la esperanza de llegar a las playas de Gaza, donde hay miles de personas esperando llegar a las barcas.

Pues ojalá lo consigas. Y nos lo cuentes  😉

Sí, ja ja. Ahora que tengo página web esa es la idea. Hablar de los temas que me interesan, de cosas que me ha pasado. De gente increíble que está haciendo cosas increíbles también.

Muchísimas gracias por estar aquí Maite, con nosotros hoy, en Irabela’s.

Muchas gracias a ti. Y buena suerte en vuestro viaje.

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Un inmenso placer charlar con Maite. Podéis seguirla en su página web, en Facebook y también podéis leer su libro.

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